Capítulo III

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Capítulo III

Mensaje por iita ™ el Vie Ago 17, 2012 1:59 pm

Me desperté con las palmas de las manos sudorosas y una punzada de culpa en el pecho. Estoy tumbada en la silla de la habitación con espejos. Cuando inclino la cabeza hacia atrás, veo a Tori detrás de mí. Ella aprieta los labios y se saca los electrodos de la cabeza. Espero a que diga algo acerca de la prueba, que se ha acabado, o que lo hice bien, pero ¿cómo podría hacerlo bien en una prueba como esta? Pero ella no dice nada, sólo tira los cables de mi frente.
Me siento hacia adelante y limpio las manos en mis pantalones. Tenía que haber hecho algo mal, aunque sólo haya pasado en mi mente. ¿Esa extraña expresión en la cara de Tori es porque ella no sabe cómo decirme cuán terrible persona soy? Me gustaría que sólo lo dijera.
―Eso ―dice ella―, fue desconcertante. Perdón, enseguida vuelvo.
¿Desconcertante?
Llevo las rodillas al pecho y entierro la cara en ellas. Me gustaría tener ganas de llorar, porque las lágrimas me podrían dar un sentido de liberación, pero no lo hago. ¿Cómo podes fallar en una prueba en la que no se te permite prepararte?
Mientras los segundos pasan, me pongo más nerviosa. Tengo que limpiarme las manos cada pocos segundos, mientras el sudor se acumula; o tal vez sólo lo hago porque me ayuda a sentirme más tranquila. ¿Qué pasa si me dicen que no sirvo para ninguna de las Facciones? Tendría que vivir en las calles, con los Sin Facciones. No puedo hacer eso. Vivir Sin Facciones no es sólo vivir en la pobreza y el malestar, sino que es vivir separada de la sociedad, separada de lo que es más importante en la vida: La Comunidad.
Mi madre me dijo una vez que no podemos sobrevivir solos, incluso si pudiéramos no querríamos. Sin una Facción, no tenemos ningún objetivo o razón para vivir.
Sacudo la cabeza. No puedo pensar así. Tengo que mantener la calma.
Finalmente la puerta se abre, y Tori regresa. Me agarro de los brazos de la silla.
―Lamento haberte preocupado ―dice Tori. Está parada a mis pies con las manos en los bolsillos. Se ve tensa y pálida.
―Beatrice, tus resultados no fueron concluyentes ―dice―. Por lo general, cada etapa de la simulación elimina una o más de las Facciones, pero en tu caso, sólo dos han sido descartadas.
La miro fijamente. ―¿Dos? ―pregunto. Mi garganta está tan apretada que es difícil hablar.
―Si hubieses demostrado una aversión automática para el cuchillo y seleccionado el queso, el simulacro se habría llevado a un escenario diferente, el cual confirmaría tu aptitud para Concordia. Eso no sucedió, por lo que estás fuera de Concordia ―Tori se rasca el dorso del cuello―. Normalmente, la simulación avanza de forma lineal, aislar una de las Facciones descartando el resto. Las decisiones que tomaste ni siquiera te permiten en Sinceridad, la siguiente posibilidad, a ser descartada, así que tuve que cambiar la simulación para que estuvieras en el autobús. Y tu insistencia en la falta de honradez descarta Sinceridad. ―Medio sonríe―. No te preocupes por eso. Sólo los Sinceridad dirían la verdad en esa.
Uno de los nudos en mi pecho se afloja. Quizá no soy una persona horrible.
―Supongo que eso no es del todo cierto. Las personas que dicen la verdad son de Sinceridad... y Abnegación ―dice―. Lo que nos da un problema.
Mi boca se cae abierta.
―Por un lado, te lanzaste sobre el perro en lugar de dejar que atacara a la niña, que es una respuesta de Abnegación orientada... pero por el otro, cuando el hombre te dijo que la verdad lo salvaría, todavía te negaste a decirlo. No es una respuesta de Abnegación orientada ―suspira―. El no correr del perro sugiere Intrepidez, pero también lo hace tomar el cuchillo, lo cual no hiciste.
Se aclara la garganta y continúa. ―Tu respuesta inteligente al perro indica una fuerte alineación con Sabiduría. No tengo ni idea de qué hacer con tu indecisión en la primera etapa, pero…
―Espere ―la interrumpo―. ¿Así que no tiene idea de cuál es mi capacidad?
―Sí y no. Mi conclusión ―explica―, es que demostraste igual aptitud para Abnegación, Intrepidez, y Sabiduría. Las personas que reciben este tipo de resultados son... ―Mira sobre su hombro como si espera que alguien apareciera detrás de ella―... Se llaman... Divergentes ―dice la última palabra en voz tan baja que casi no la escucho, y se tensa, la mirada de preocupación vuelve. Ella camina alrededor de la silla y se acerca a mí.
―Beatrice ―dice ella―, bajo ninguna circunstancia debes compartir esta información con nadie. Esto es muy importante. No se supone que debamos compartir los resultados.
Asiento. ―Ya lo sé.
―No ―Tori se arrodilla junto a la silla ahora y coloca los brazos sobre los apoyabrazos. Nuestros rostros están a centímetros de distancia―. Esto es diferente. No quiero decir que no debes compartirlos ahora, significa que nunca debes compartirlos con nadie, nunca, pase lo que pase. La Divergencia es extremadamente peligrosa. ¿Me entiendes?
No entiendo, ¿cómo podrían los resultados concluyentes de la prueba ser peligroso? Pero aun así, asiento. No quiero compartir mis resultados de la prueba con nadie de todos modos.
―Está bien. ―Saco las manos de los brazos de la silla y me pongo de pie. Me siento insegura.
―Yo sugiero ―dice Tori―, que te vayas a casa. Tienes mucho en qué pensar, y esperar con los demás, puede no beneficiarte.
―Tengo que decirle a mi hermano a dónde voy.
―Voy a dejarle saber.
Me toco la frente y mirando al suelo mientras salgo de la habitación. No puedo soportar mirarla a los ojos. No puedo soportar pensar en la Ceremonia de Elección de mañana.

Es mi elección ahora, no importa lo que dice la prueba.
Abnegación. Intrepidez. Sabiduría.
Divergente.
Decido no tomar el autobús. Si llego a casa temprano, mi padre se dará cuenta cuando compruebe los registros de la casa al final del día, y voy a tener que explicarle lo que pasó. En lugar de eso camino. Voy a tener que interceptar a Caleb antes de que mencione algo a nuestros padres, pero Caleb puede guardar un secreto.
Me paseo por el centro de la carretera. Los autobuses tienden a irse hacia la acera, por lo que es más seguro aquí.
A veces, en las calles cerca de mi casa, puedo ver los lugares donde las líneas amarillas solía estar. No tenemos necesidad de ellas ahora que hay tan pocos coches. No necesitamos semáforos, tampoco, pero en algunos lugares cuelgan precariamente sobre el camino como si pudieran caerse en cualquier momento.
La renovación se mueve lentamente a través de la ciudad, con lo que es un mosaico de nuevos y limpios edificios y viejas ruinas. La mayoría de los nuevos edificios se encuentran junto a la marisma, que solía ser un lago hace mucho tiempo. La agencia de voluntarios de Abnegación para la cual mi madre trabaja es responsable de la mayor parte de las renovaciones.
Cuando miro el estilo de vida de Abnegación como una extraña, creo que es hermoso. Cuando veo a mi familia moverse en armonía; cuando vamos a las cenas y todo el mundo limpia juntos después sin tener que pedirlo; cuando veo a Caleb ayudar a extraños a llevar sus compras, me enamoro de esta vida de nuevo. Es sólo cuando trato de vivirla por mí misma que tengo problemas. Nunca se siente genuina.
Pero la elección de una Facción diferente significaría abandonar a mi familia. De forma permanente.
Un poco más allá del sector de la ciudad de Abnegación está el estiramiento de esqueletos de construcción y aceras rotas a través de las que ahora camino. Hay lugares donde la carretera se ha derrumbado por completo, dejando al descubierto los sistemas de alcantarillado y el metro vacío que tengo que tener cuidado de evitar, y los lugares que apestan con tanta fuerza a aguas residuales y basura que tengo que taparme la nariz.
Aquí es donde los Sin Facciones viven. Debido a que no pudieron completar la Iniciación en cualquiera de las Facciones que eligieron, viven en la pobreza, haciendo el trabajo que nadie quiere hacer. Ellos son porteros y trabajadores de la construcción y recolectores de basura, hacen tejidos y operan trenes y autobuses. A cambio de su trabajo, consiguen comida y ropa, pero, como dice mi madre, no lo suficiente de ambos.
Veo a un hombre Sin Facción parado en una esquina más adelante. Lleva una irregular ropa marrón y la piel se le cae de su mandíbula. Me mira y yo le devuelvo la mirada, sin poder mirar hacia otro lado.
―Disculpe ―dice él. Su voz es ronca―. ¿Tiene algo que pueda comer?
Siento un nudo en la garganta. Una voz fuerte en mi cabeza me dice, Agacha la cabeza y seguí caminando.
No. Sacudo la cabeza. No debo tener miedo de este hombre. Necesita ayuda y se supone que tengo que ayudarlo.
―Um... sí ―le digo. Meto la mano en mi bolsa. Mi padre dice que tenga comida en mi bolsa en todo momento exactamente por esta razón. Le ofrezco al hombre una pequeña bolsa de rodajas de manzana secas.
Él la busca, pero en lugar de tomar la bolsa, su mano se cierra alrededor de mi muñeca. Me sonríe. Tiene un hueco entre sus dientes frontales.
―Vaya, ¿no tienes ojos bonitos? ―dice él―. Es una pena que el resto de tu persona sea tan sencillo.
Mi corazón late con fuerza. Tiro de mi mano, pero él aprieta su agarre. Huelo algo acre y desagradable en su aliento.
―Te ves muy joven para estar caminando sola, querida ―dice él.
Dejo de tirar, y me paro más derecha. Sé que tengo un aspecto joven, no es necesario que me lo recuerde. ―Soy más grande de lo que parezco ―replico―. Tengo dieciséis.
Sus labios se abren, revelando un molar gris con un pozo oscuro en un lado. No puedo decir si está sonriendo o haciendo una mueca. ―Entonces, ¿no es hoy un día especial para ti? ¿El día antes de elegir?
―Suéltame ―le digo. He oído en mis oídos. Mi voz suena clara y severa, no lo que yo esperaba escuchar. Siento que no me pertenece.
Estoy lista. Sé lo que voy a hacer. Me imagino a mí misma llevando mi codo hacia atrás y golpeándolo. Veo la bolsa de manzanas volar lejos de mí. Escucho mis pasos mientras corro. Estoy preparada para actuar.
Pero luego él me libera la muñeca, tomando las manzanas, y dice: ―Elige con cuidado, niña.
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