Capítulo V

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Capítulo V

Mensaje por iita ™ el Vie Ago 17, 2012 2:05 pm

El autobús que tomamos para llegar a la Ceremonia de Elección está lleno de gente con camisas y pantalones grises. Un pálido anillo de luz de sol arde entre las nubes como el extremo encendido de un cigarro. Nunca fumaré uno ―están estrechamente ligados a la vanidad― pero una multitud de Sinceridad los fuma en frente del edificio cuando salimos del autobús.
Tengo que echar mi cabeza hacia atrás para ver la cima del Cubo, e incluso entonces, parte de él desaparece entre las nubes. Es el edificio más alto de la ciudad. Puedo ver las luces en las dos puntas de sus techos desde la ventana de mi dormitorio.
Sigo a mis padres fuera del autobús. Caleb parece tranquilo, pero yo también lo estaría, si supiera lo que iba a hacer. En su lugar, tengo la clara impresión de que me corazón saltará del pecho en cualquier minuto a partir de ahora, y agarro su brazo para equilibrarme mientras subo las escaleras del frente.
El elevador está abarrotado de gente, por lo que mi padre se ofrece a darle a un grupo de Concordia nuestro lugar. En su lugar subimos las escaleras, siguiéndolo incondicionalmente. Asentamos un ejemplo a los miembros seguidores de nuestra Facción, y pronto nosotros tres nos vemos envueltos en la masa de tela gris ascendiendo las escaleras de cemento en la penumbra. Me acomodo a su ritmo. El uniforme retumbar de pies en mis orejas y la homogeneidad de las personas alrededor de mí me hizo creer que podía elegir esto. Podía ser subsumida en la mente colectiva de Abnegación, siempre proyectando hacia el exterior.
Pero entonces mis piernas se sienten adoloridas, y lucho por respirar, y estoy nuevamente distraída. Tenemos que subir veinte tramos de escaleras para llegar a la Ceremonia de Elección.
Mi padre sostiene la puerta abierta del vigésimo piso y permanece como un centinela mientras cada Abnegación camina más allá de él. Lo esperaría, pero la multitud me presiona hacia adelante, fuera de la escalera y dentro del cuarto donde decidiré el resto de mi vida.
El cuarto está organizado en círculos concéntricos. En los bordes se levantan los dieciséis ancianos de cada Facción. Nosotros no somos llamados Miembros todavía, nuestras decisiones hoy nos harán Iniciados, y nos convertiremos en Miembros si completamos la Iniciación.
Nos ordenamos a nosotros mismos por orden alfabético, de acuerdo con los apellidos que podríamos dejar detrás el día de hoy. Me paro entre Caleb y Danielle Pohler, una chica Concordia con mejillas rosadas y un vestido amarillo.
Filas de sillas para nuestras familias conforman el siguiente círculo. Están dispuestas en cinco secciones, de acuerdo con la Facción. No viene cada uno de los miembros de cada Facción a la Ceremonia de Elección, pero bastantes de ellos vienen para que la multitud parezca enorme.
La responsabilidad de llevar a cabo la Ceremonia rota de Facción a Facción cada año, y este año es de Abnegación. Marcus dará el discurso de apertura y leerá los nombres en orden alfabético inverso. Caleb elegirá antes de mí.
En el último círculo hay cinco tazones de metal tan grandes que podrían contener un cuerpo entero, si me hago un ovillo. Cada uno contiene una sustancia que representa cada Facción: piedras grises para Abnegación, agua para Sabiduría, tierra para Concordia, carbones encendidos para Intrepidez, y vidrio para Sinceridad.
Cuando Marcus diga mi nombre, caminaré al centro de los tres círculos. No hablaré. Me ofrecerá un cuchillo. Cortaré mi mano y rociaré mi sangre en el tazón de la Facción que elija.
Mi sangre sobre las piedras. Mi sangre chisporroteando sobre las brasas.
Antes de que mis padres se sienten, se paran frente a Caleb y a mí. Mi padre besa mi frente y palmea a Caleb en el hombro, sonriendo.
―Nos vemos pronto ―dice. Sin un rastro de dudas.
Mi madre me abraza, y la poca determinación que me quedaba casi se quiebra. Aprieto la mandíbula y miro al techo, donde linternas globo cuelgan y llenan el cuarto con luz azul. Me abraza por lo que se siente un largo tiempo, incluso después de que dejé caer mis manos. Antes de alejarse, da vuelta a su cabeza y susurra en mi oído: ―Te amo. Sin importar qué pase.
Frunzo el ceño a su espalda cuando camina alejándose. Ella sabe lo que podría hacer. Debe saber, o no sentiría la necesidad de decir eso.
Caleb agarra mi mano, apretando mi palma tan apretadamente que duele, pero no lo suelto. La última vez que nos sostuvimos las manos fue en el funeral de mi tío, cuando mi padre lloró. Necesitamos la fuerza del otro ahora mismo, al igual que hicimos entonces.
El cuarto lentamente se va ordenando. Debería estar observando la Intrepidez; debería estar recabando tanta información como pueda, pero sólo puedo mirar fijamente los faroles que atraviesan el cuarto. Trato de perderme a mí misma en el resplandor azul.
Marcus se pone de pie en el podio entre Sabiduría e Intrepidez y aclara su garganta en el micrófono. ―Bienvenidos ―dice―. Bienvenidos a la Ceremonia de Elección. Bienvenidos al día en que honramos la filosofía democrática de nuestros ancestros, que nos dicen que cada hombre tiene derecho a elegir su propio camino en el mundo.
O, me ocurre a mí, uno de los cinco caminos predeterminados. Aprieto los dedos de Caleb tan fuerte como él está apretando los míos.
―Nuestros familiares ahora tienen dieciséis. Están en el precipicio de la edad adulta y ahora les corresponde a ellos decidir qué tipo de personas serán. ―La voz de Marcus es solemne y le da el mismo peso a cada palabra―. Hace décadas, nuestros ancestros comprendieron que no son ideología política, creencia religiosa, raza, o nacionalismo los culpables por una guerra mundial. Por el contrario, determinaron que fue de culpa de la personalidad humana, de la inclinación de la humanidad hacia el mal, en la forma en que sea. Se dividieron en Facciones que pretendieron erradicar esas cualidades que creyeron responsables de la desorganización del mundo.
Mis ojos se cerraron hacia los tazones en el centro del cuarto. ¿En qué creo? No lo sé, no lo sé, no lo sé.
―Aquellos a quienes culparon a la agresión formaron Concordia.
Los Concordiaintercambian sonrisas. Están vestidos cómodamente, en rojo o amarillo. Cada vez que los veía, parecían amables, cariñosos, libres. Pero unirme a ellos nunca ha sido una opción para mí.
―Aquellos que culparon a la ignorancia se volvieron la Sabiduría.
Descartar a Sabiduría era la única parte que resultaba fácil.
―Aquellos que culparon a la hipocresía crearon a la Sinceridad.
Nunca me había gustado Sinceridad.
―Aquellos que culparon al egoísmo hicieron Abnegación.
Culpaba al egoísmo, lo hago.
―Y aquellos que culparon a la cobardía fueron Intrepidez.
Pero no soy lo bastante desinteresada. Dieciséis años de tratar y no soy lo suficiente.
Mis piernas se adormecen, como si toda la vida se fuera de ellas, y me pregunto: cómo caminaré cuando mi nombre sea dicho.
―Trabajando juntas, estas cinco Facciones han vivido en paz por muchos años, cada una contribuyendo a diferentes sectores de la sociedad. La Abnegación ha cumplido nuestra necesidad por líderes desinteresados en el gobierno, Sinceridad ha proporcionado dirigentes sólidos y sensatos de ley; la Sabiduría nos ha suministrado inteligentes profesores e investigadores; Concordia nos ha dado consejeros y cuidadores en entendimiento; e Intrepidez nos brinda protección contra amenazas externas e internas. Pero el alcance de cada Facción no se limita a estas áreas. Les damos unas a otras mucho más de lo que puede resumirse adecuadamente. En nuestras Facciones, encontramos significado, encontramos propósito, encontramos vida.
Pienso en el lema que leí en mi libro de Historia de la Facción: “Facción antes que sangre”. Más que nuestra familia, nuestras Facciones son donde pertenecemos. ¿Podía ser esto correcto?
Marcus agrega: ―Apartados de ellos, no sobreviviríamos.
El silencio que sigue a sus palabras es más pesado que otros silencios. Está pesado con nuestro peor temor, más grande incluso que el miedo a la muerte: estar Sin Facción.
Marcus continúa: ―Por lo tanto, este día marca una ocasión feliz, el día en que recibimos a nuestros nuevos Iniciados, quienes trabajarán con nosotros hacia una sociedad mejor y un mundo mejor.
Una ronda de aplausos. Suena amortiguado. Trato de permanecer completamente quieta, debido a que mis rodillas están duras y mi cuerpo rígido, no tiemblo. Marcus lee los primeros nombres, pero no puedo entender una sola sílaba de los otros. ¿Cómo sabré cuando diga mi nombre?
Uno por uno, cada chico de dieciséis años da un paso fuera de la línea y camina al centro del cuarto. La primera chica elige Concordia, la misma Facción de la que viene. Miro su sangre caer sobre la tierra, y se para detrás de sus asientos sola.
El cuarto está en constante movimiento, un nuevo nombre y una nueva persona eligiendo, un nuevo cuchillo y una nueva elección. Reconozco a la mayoría de ellos, pero dudo que me conozcan.
―James Tucker ―dice Marcus.
James Tucker de Intrepidez es la primera persona que tropieza en su camino hacia los tazones. Lanza sus brazos hacia afuera y recupera el equilibrio antes de golpear el suelo. Su rostro se vuelve rojo y camina más rápido hacia el centro del cuarto. Cuando está en el centro, mira desde el tazón de Intrepidez al tazón de Sinceridad, las llamas naranjas que se elevan más y más alto a cada momento, y el vidrio reflejando la luz azul.
Marcus le ofrece el cuchillo. Respira profundamente, veo su pecho expandirse y, cuando exhala, acepta el cuchillo. Luego lo arrastra por su palma con un tirón y extiende su brazo al costado. Su sangre cae sobre el vidrio, y él es el primero de nosotros en cambiar de Facción. La primera transferencia de Facciones. Un murmullo se eleva de la sección de Intrepidez, y miro al suelo.
Lo verán como un traidor desde ahora en adelante. Su familia Intrepidez tendrá la opción de visitarlo en su nueva Facción, una semana y media desde ahora en el Día de Visita, pero no lo harán, porque él los ha dejado. Su ausencia perseguirá los pasillos, y él será un espacio que no podrán llenar. Y entonces el tiempo pasará, y el agujero se habrá ido, como cuando un órgano es removido y los fluidos del cuerpo fluyen en el espacio que queda. Los humanos no pueden tolerar el vacío durante mucho tiempo.
―Caleb Prior ―dice Marcus.
Caleb aprieta mi mano una última vez, y se aleja, lanza una mirada sobre su hombro hacia mí. Veo sus pies moverse al centro del cuarto, y sus manos, seguras cuando aceptan el cuchillo de Marcus, diestras cuando una presiona el cuchillo dentro de la otra. Entonces se queda de pie con la sangre derramándose de su palma, y sus labios se juntan.
Exhala. Y entonces inhala. Sostiene su mano sobre el tazón e Sabiduría, y su sangre gotea en el agua, volviéndola de un tono de rojo más oscuro.
Oigo murmullos que ascienden a gritos indignados. Apenas puedo pensar bien. Mi hermano, mi egoísta hermano, ¿una transferencia de Facción? Mi hermano, nacido en Abnegación, ¿Sabiduría?
Cuando cierro los ojos, veo la pila de libros en el escritorio de Caleb, y a sus temblantes manos deslizándose por sus piernas después de la prueba de aptitud. ¿Por qué no me di cuenta de eso ayer cuando él me dijo que pensara en mí, él se estaba dando ese consejo a sí mismo?
Puedo explorar la multitud de los Sabiduría, que tienen sonrisas petulantes y se empujan unos a otros. Los Abnegación, normalmente tan plácido, hablan entre sí en tensos susurros y miran de a través de la habitación a la Facción que se ha convertido en nuestro enemigo.
―Discúlpenme ―dice Marcus, pero la gente no lo escucha. Él grita―. ¡Silencio, por favor!
La sala se pone en silencio. A excepción del sonido de un timbre.
Escucho mi nombre y un estremecimiento me impulsa hacia adelante. A medio camino de las copas, estoy segura de que voy a elegir Abnegación. Lo puedo ver ahora. Me veo convertida en una mujer con ropas Abnegación, casada con el hermano de Susan, Robert, el voluntariado los fines de semana, la paz de la rutina, las tranquilas noches pasadas frente a la chimenea, la certeza de que voy a estar segura, y si no es suficiente , es mejor de lo que soy ahora.
El timbre, me doy cuenta, está en mis oídos.
Miro a Caleb, que ahora está detrás de los Sabiduría. Él me devuelve la mirada y asiente un poco, como si supiera lo que estoy pensando, y está de acuerdo. Mis pasos fallan. Si Caleb no encajaba en Abnegación, ¿cómo puedo yo hacerlo? Pero, ¿qué otra alternativa tengo, ahora que él nos ha dejado y soy la única que queda? Él no me deja otra opción.
Pongo rígida mi mandíbula. Voy a ser la niña que se queda; tengo que hacer esto por mis padres. Tengo que hacerlo.
Marcus me ofrece mi cuchillo. Miro en sus ojos, que son de color azul oscuro, un color extraño y lo tomó. Él asiente, y me dirijo hacia las copas. Intrepidez fuego y Abnegación piedras, ambas están a mi izquierda, una enfrente de mi hombro y otra detrás. Tengo el cuchillo en la mano derecha y tocó con la hoja la palma de mi mano. Apretando los dientes, arrastro la hoja hacia abajo. Duele, pero apenas me doy cuenta. Tengo las dos manos en el pecho, y mi siguiente aliento se estremece en el camino hacia afuera.
Abro los ojos y pongo mi brazo. Mi sangre gotea sobre la alfombra entre las dos copas. Luego, con un grito que no puedo contener, muevo mi mano hacia delante, y mi sangre arde en las brasas.
Soy egoísta. Soy valiente.
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