Capítulo XVI

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Capítulo XVI

Mensaje por iita ™ el Vie Ago 17, 2012 2:54 pm

Por la tarde, regreso al dormitorio mientras todos los demás pasan su tiempo con sus familias y encuentro a Al sentado en su cama, mirando fijamente el espacio en la pared donde está por lo general el tablero. Cuatro se lo llevó el día de ayer para poder calcular nuestras calificaciones.
―¡Ahí estás! ―digo―. Tus padres estaban buscándote. ¿Te encontraron?
Niega con la cabeza.
Me siento a su lado en la cama. Mi pierna es apenas la mitad del ancho de la suya, incluso ahora que la mía es más musculosa de lo que era. Lleva pantalones cortos de color negro. Su rodilla está de color púrpura azulado con una contusión y cruzada por una cicatriz.
―¿No querías verlos? ―digo.
―No quiero que me pregunten cómo lo estoy haciendo ―dice―. Tendría que contárselos, y ellos sabrían si estoy mintiendo.
―Bueno... ―me esfuerzo por encontrar algo que decir―. ¿Qué hay de malo con la forma en que lo estás haciendo?
Al ríe con dureza. ―He perdido todas las peleas desde la primera con Will. No estoy haciéndolo bien.
―Por elección, sin embargo. ¿No podría decirles eso, también?
Sacude la cabeza. ―Papá siempre quiso que yo viniera aquí. Quiero decir, ellos dijeron que querían que me quedara en Sinceridad, pero eso es sólo porque se supone que es lo que tienen que decir. Siempre han admirado a Intrepidez, los dos. Ellos no entenderían si tratara de explicárselos.
―Oh. ―Toco ligeramente los dedos contra mi rodilla. Entonces lo miro―. ¿Es por eso que elegiste Intrepidez? ¿Debido a tus padres?
Al sacude la cabeza.
―No. Supongo que fue porque... yo creo que es importante proteger a las personas. Defender a las personas. Así como hiciste por mí. ―Me sonríe―. Eso es lo que se supone que el Intrepidez debe hacer, ¿verdad? Eso es lo que es el coraje. No… lastimar a las personas sin motivo.
Recuerdo lo que me dijo Cuatro, que el trabajo en equipo solía ser una prioridad en Intrepidez. ¿Cómo eran los de Intrepidez cuando él iba? ¿Qué habría aprendido si hubiera estado aquí cuando mi madre estaba en Intrepidez? Tal vez no habría roto la nariz de Molly. O amenazado a la hermana de Will.
Siento una punzada de culpa. ―Tal vez será mejor una vez que la Iniciación termine.
―Qué pena que podría llegar de último ―dice Al―, creo que lo veremos esta noche.
Nos sentamos lado a lado por un tiempo. Es mejor estar aquí, en silencio, que en La Fosa, viendo reír a todos con sus familias.
Mi padre solía decir que a veces, la mejor manera de ayudar a alguien es estar cerca de ellos. Me siento bien cuando hago algo por lo que sé que él estaría orgulloso, como recompensando todas las cosas que he hecho por las que no se sentiría orgulloso.
―Me siento valiente cuando estoy cerca de ti, sabes ―dice―. Como si yo pudiera encajar aquí, del mismo modo en que tú lo haces.
Estoy a punto de responder cuando desliza su brazo sobre mis hombros. De repente, me congelo, mis mejillas se calientan.
No quería estar en lo cierto sobre lo que Al siente por mí. Pero lo estaba.
No me apoyo en él. En su lugar me siento hacia adelante por lo que su brazo se cae. Entonces, aprieto las manos en mi regazo.
―Tris, yo... ―dice. Su voz suena forzada. Echo un vistazo hacia él. Su rostro está rojo al igual como se siente el mío, pero no sollozando; sólo se ve avergonzado.
―Um... lo siento ―dice―. Yo no estaba tratando de... um. Disculpa.
Me gustaría poder decirle que no lo tome personal. Podría decirle que mis padres rara vez se tomaban de las manos incluso en nuestra propia casa, así que me he entrenado a mí misma para alejarme de todos los gestos de cariño, porque ellos me criaron para tomarlos en serio. Tal vez si yo le dijera eso, no habría una capa de dolor por debajo de su rubor de vergüenza.
Pero, por supuesto, esto es personal. Él es mi amigo… y eso es todo. ¿Qué es más personal que eso?
Inhalo, y cuando exhalo, me obligo a sonreír. ―¿Disculpar por qué? ―pregunto, tratando de sonar casual. Cepillo mis pantalones, aunque no hay nada en ellos, y me levanto.
―Debería irme ―le digo.
Él asiente y no me mira.
―¿Vas a estar bien? ―digo―. Quiero decir... sobre tus padres. No porque… ―dejo que mi voz se desvanezca. No sé lo que diría si no lo hiciera.
―Oh. Sí. ―Asiente con la cabeza una vez más, un poco más fuerte―. Te veré más tarde, Tris.
Trato de no salir de la habitación demasiado rápido. Cuando la puerta del dormitorio se cierra detrás de mí, pongo una mano en mi frente y sonrío un poco. Dejando la incomodidad a un lado, es agradable ser querida.

* * * * *

Hablar de las visitas de nuestras familias sería demasiado doloroso, por lo que nuestra clasificación final de la primera etapa es lo único de lo que todos podemos hablar esta noche. Cada vez que alguien se acerca a mí, miro fijamente algún punto de la habitación y los ignoro.
Mi rango no puede ser tan malo como lo que solía ser, especialmente después de que vencí a Molly, pero tal vez no sea lo suficientemente bueno para colocarme entre los diez primeros al final de la Iniciación, especialmente cuando los Iniciados nacidos Intrépidos se toman en cuenta.
En la cena me siento con Christina, Will, y Al en una mesa de la esquina. Estamos peligrosamente cerca de Peter, Drew, y Molly, quienes están en la mesa de al lado. Cuando la conversación en nuestra mesa llega a un momento de calma, escucho cada palabra de lo que dicen. Están especulando acerca de los rangos. Qué sorpresa.
―¿No se te permitía tener mascotas? ―se queja Christina, golpeando la mesa con la palma―. ¿Por qué no?
―Porque son ilógicos ―dice Will de manera casual―. ¿Cuál es el punto de suministrarle alimento y refugio a un animal que solamente ensuciará tus muebles, hará que tu casa huela mal, y que finalmente morirá?
Al y yo nos miramos, como solemos hacer cuando Will y Christina empiezan a pelear. Pero esta vez, en el segundo en que nuestros ojos se encuentran, los dos miramos hacia otro lado. Espero que esta incomodidad entre nosotros no dure demasiado tiempo. Quiero a mi amigo de vuelta.
―El punto es... ―la voz de Christina se desvanece e inclina la cabeza―… bueno, son divertidos de tener. Tenía un bulldog llamado Chunker. Una vez dejamos un pollo entero asado en el mostrador para que se enfriara, y mientras mi madre fue al baño, él lo bajó del mostrador y se lo comió, huesos, piel y todo. Nos reímos mucho.
―Sí, eso ciertamente cambió mi mente. Por supuesto que quiero vivir con un animal que se coma mi comida y destruya mi cocina. ―Will sacude la cabeza―. ¿Por qué no sólo te consigues un perro después de la Iniciación, si te sientes tan nostálgica?
―Porque... ―La sonrisa de Cristina cae, y engancha su papa con el tenedor―… los perros son una especie de ruina para mí. Después de... ya sabes, después de la prueba de aptitud.
Intercambiamos miradas. Todos sabemos que no debemos hablar de la prueba, ni siquiera ahora que hemos elegido, pero para ellos esa norma no debe ser tan grave como lo es para mí. Mi corazón salta inestablemente en mi pecho. Para mí, esa regla es protección. Me evita tener que mentirles a mis amigos acerca de mis resultados. Cada vez que pienso en la palabra “Divergente”, escucho a Tori alertarme; y ahora la advertencia de mi madre también. No se lo digas a nadie. Es peligroso.
―¿Quieres decir que...? mataste al perro, ¿verdad? ―pregunta Will.
Casi lo olvido. Aquellos con aptitudes para la Intrepidez tomaron el cuchillo en la simulación y apuñalaron al perro cuando éste atacaba. No es asombroso que Christina no quiera más un perro. Tiro las mangas de mi muñeca y retuerzo mis dedos juntos.
―Sí ―dice―. Quiero decir, todos los chicos tenían que hacer eso también, ¿verdad?
Ella mira primero a Al, y luego a mí. Sus ojos oscuros se estrechan, y dice―: Tú no lo hiciste.
―¿Hmm?
―Tú estás ocultando algo ―dice―. Estás inquieta.
―¿Qué?
―En Sinceridad ―dice Al, empujándome con su hombro. Bien. Eso se siente normal―. Aprendemos a leer el lenguaje corporal para saber cuándo alguien está mintiendo o nos mantiene algo oculto.
―Oh ―me rasco la nuca―. Bueno...
―Ves, ¡ahí está otra vez! ―dice, señalando mi mano.
Siento como si estuviera tragándome los latidos de mi corazón. ¿Cómo puedo mentir acerca de mis resultados si se dan cuenta cuando estoy mintiendo? Voy a tener que controlar mi lenguaje corporal. Dejo caer mi mano y las entrecruzo en mi regazo. Eso es lo hace una persona honesta, ¿verdad?
No tengo que mentir sobre el perro, por lo menos. ―No, no maté al perro.
―¿Cómo conseguiste Intrepidez sin la necesidad de utilizar el cuchillo? ―dice Will, entrecerrando los ojos hacia mí.
Le miro a los ojos y digo de manera uniforme. ―No lo hice. Entré en Abnegación.
Es una verdad a medias. Tori informó mi resultado como Abnegación, por lo que eso es lo que está en el sistema. Cualquier persona que tenga acceso a los resultados sería capaz de verlo. Mantengo mis ojos en los suyos durante unos segundos. Apartarlos de su camino podría ser sospechoso. Luego, me encojo de hombros y apuñalo un pedazo de carne con el tenedor. Espero que me crean. Tienen que creerme.
―¿Pero elegiste Intrepidez de todos modos? ―dice Christina―. ¿Por qué?
―Te lo dije ―le digo, sonriendo―. Fue la comida.
Ella se ríe. ―¿Chicos saben que Tris nunca había visto una hamburguesa antes de venir aquí?
Ella se lanza sobre la historia de nuestro primer día, y mi cuerpo se relaja, pero todavía me siento pesada. No debería mentirles a mis amigos. Eso crea barreras entre nosotros, y ya tenemos más de las que quiero. Christina al tomar la bandera. Yo rechazando a Al.

* * * * *

Después de la cena volvemos al dormitorio, y es difícil para mí no correr a toda velocidad, sabiendo que la clasificación estará cuando llegue allí. Quiero acabar de una vez con ello. En la puerta del dormitorio, Drew me empuja contra la pared para pasarme. Mi hombro golpea contra la piedra, pero continúo caminando.
Soy demasiado pequeña para ver entre la multitud de los Iniciados de pie cerca del fondo de la sala, pero cuando encuentro un espacio entre las cabezas para mirar a través de ellas, veo que el tablero está en el suelo, apoyado contra las piernas de Cuatro, de espaldas a nosotros. Él está de pie con un pedazo de tiza en la mano.
―Para aquellos de ustedes que acaban de llegar, estoy explicando cómo se determinan los rangos ―dice―. Después de la primera ronda de peleas, los clasificamos en función a su nivel de habilidad. El número de puntos que ganaron depende de su nivel de habilidad y el nivel de habilidad de la persona a la que vencieron. Ganan más puntos por mejorar y más puntos por golpear a alguien de un alto nivel de habilidad. No recompensé al que se aprovechó de los débiles. Eso es cobardía.
Creo que sus ojos se detuvieron sobre Peter en la última línea, pero se movieron con tanta rapidez para que esté segura.
―Si tienen un alto rango, pierden puntos por perder con un rival de bajo rango.
Molly deja escapar un ruido desagradable, como un resoplido o una queja.
―La segunda etapa de la formación es más difícil que la primera etapa, ya que está más estrechamente ligada a la superación de la cobardía ―dice―. Dicho esto, es extremadamente difícil tener un rango alto al final de la Iniciación si tu rango fue bajo en la primera etapa.
Cambio de un pie al otro, tratando de conseguir un buen vistazo de él. Cuando por fin lo hago, miro hacia otro lado. Sus ojos ya están en mí, probablemente atraído por mi movimiento nervioso.
―Vamos a anunciar mañana los recortes ―dice Cuatro―. El hecho de que sean transferidos e Iniciados nacidos Intrépidos no se tendrá en cuenta. Cuatro de ustedes podrían ser un Sin Facción y ninguno de ellos. O cuatro de ellos podrían ser un Sin Facción y ninguno de ustedes. O cualquier combinación de éstos. Dicho esto, aquí están sus rangos.
Cuelga la pizarra en el gancho y da un paso atrás para que podamos ver la clasificación:

1. Edward.
2. Peter.
3. Will.
4. Christina.
5. Molly.
6. Tris.
¿Sexta? No puedo ser sexta. Vencer a Molly ha impulsado mi rango más de lo que pensé que haría. Y perdiendo ante mí la hizo descender. Paso al final de la lista.

7. Drew.
8. Al.
9. Myra.
Al no está en el último lugar, pero al menos que los Iniciados nacidos Intrépido hayan fracasado completamente en su versión de la primera etapa de Iniciación, es un Sin Facción.
Echo un vistazo a Christina. Ella inclina la cabeza y frunce el ceño ante el tablero. Ella no es la única. El silencio en la sala es incómodo, como si se balanceara hacia atrás y adelante en una repisa.
Luego, ésta cae.
―¿Qué? ―demanda Molly. Ella apunta a Christina―. ¡Le pegué! Le pegué en cuestión de minutos, ¿y ella está clasificada por encimade mí?
―Sí ―dice Christina, cruzando los brazos. Lleva una sonrisa de autosuficiencia―. ¿Y?
―Si tienes la intención de asegurarte un puesto más alto, te sugiero que no tomes la costumbre de perder ante rivales de bajo rango ―dice Cuatro, con su voz cortando a través de los murmullos y quejas de los otros Iniciados. Guarda la tiza y camina a mi lado sin mirar en mi dirección. Las palabras punzan un poco, me recuerdan que soy el rival de bajo rango al que se refiere.
Al parecer les recuerdan a Molly, también.
―Tú ―dice ella, centrando sus ojos estrechados en mí―. Tú vas a pagar por esto.
Espero que arremeta contra mí, o que me pegue, pero sólo gira sobre sus talones y camina fuera de la habitación, y eso es peor. Si hubiera explotado, su ira se habría gastado rápidamente, después de un golpe o dos. Al irse quiere decir que va a planear algo. Al irse significa que tengo que estar en guardia.
Peter no dijo nada cuando la clasificación se reveló, lo que, dada su tendencia a quejarse de lo que sea qué no vaya a su manera, es sorprendente. Él sólo camina a su litera y se sienta, desabrochando los cordones de sus zapatos. Eso me hace sentir aún más incómoda. Él no puede estar satisfecho con el segundo lugar. No Peter.
Will y Christina chocan sus manos, y luego Will me palmea en la espalda, con una mano más grande que mi hombro.
―Mírate. La número seis ―dice, sonriendo.
―Todavía no es lo suficientemente bueno ―le recuerdo.
―Lo va a ser, no te preocupes ―dice―. Tenemos que celebrar.
―Bueno, vamos, entonces ―dice Christina, agarrando mi brazo con una mano y el brazo de Al con la otra―. Vamos, Al. No sabes cómo lo hicieron los nacidos Intrépido. No sabes nada con seguridad.
―Sólo voy a ir a la cama ―murmura, tirando de su brazo.
En el pasillo, es fácil olvidarse de Al, de la venganza de Molly, la sospechosa calma de Peter, y es fácil fingir que lo que nos separa como amigos, no existe. Pero persistiendo en la parte trasera de mi mente, está el hecho de que Christina y Will son mis competidores. Si quiero abrirme paso entre los diez primeros, voy a tener que ganarles en primer lugar.
Sólo espero no tener que traicionarlos en el proceso.

* * * * *

Esa noche me cuesta conciliar el sueño. El dormitorio solía parecerme ruidoso, con todas las respiraciones, pero ahora está demasiado tranquilo. Cuando está tranquilo, pienso en mi familia. Gracias a Dios que el complejo Intrepidez es por lo general ruidoso.
Si mi madre estaba en Intrepidez, ¿por qué escogió Abnegación? ¿Amaba su paz, su rutina, su bondad… todas esas cosas que echo de menos, cuando pienso acerca de ello?
Me pregunto si alguien de aquí la conocía cuando ella era joven y si podrían decirme cómo era entonces. Incluso si lo hicieran, probablemente no les gustaría hablar de ella. Los transferidos de Facciones no se supone que realmente hablen sobre sus viejas Facciones una vez que se convierten en miembros. Esto se supone que es para hacerles más fácil cambiar su lealtad de la familia a la Facción… para abrazar el principio de “la Facción antes de la sangre”.
Entierro mi cara en la almohada. Ella me pidió que le dijera a Caleb sobre la investigación del suero de simulación… ¿por qué? ¿Esto tiene algo que ver con que yo sea Divergente, con que yo esté en peligro, o es algo más? Suspiro. Tengo miles de preguntas, y ella se fue antes de que pudiera preguntarle sobre cualquiera de ellas. Ahora se arremolinan en mi cabeza, y dudo poder dormir hasta que pueda responderlas.
Escucho una pelea a través de la habitación y levanto la cabeza de la almohada. Mis ojos no están ajustados a la oscuridad, por lo que veo todo en un negro absoluto, como el revés de mis párpados. Escucho un arrastre de pies y el chirrido de un zapato. Un ruido sordo.
Y luego un gemido que cuaja mi sangre y me pone los pelos de punta. Lanzo las mantas hacia atrás y me pongo de pie en el suelo de piedra con los pies descalzos. Todavía no puedo ver lo suficientemente bien como para encontrar la fuente del grito, pero veo un bulto oscuro en el piso de una litera más abajo. Otro grito perfora mis oídos.
―¡Enciendan las luces! ―grita alguien.
Camino hacia el sonido, poco a poco, así no tropiezo con nada. Siento como si estuviera en un trance. No quiero ver de dónde vienen los gritos. Un grito como ese sólo puede significar sangre, hueso y dolor; ese grito viene de la boca del estómago y se extiende a cada rincón del cuerpo.
Las luces se encienden.
Edward se encuentra en el suelo junto a su cama, agarrando su rostro. Rodeando su cabeza hay un río de sangre, y sobresaliendo entre sus dedos arañados está el mango de un cuchillo de plata. Mi corazón late en mis oídos, lo reconozco como un cuchillo de mantequilla del comedor. La hoja está atascada en el ojo de Edward.
Myra, quien está a los pies de Edward, grita. Alguien más grita también, y alguien chilla pidiendo ayuda. Edward todavía está en el suelo, retorciéndose y gimiendo. Me agacho hacia su cabeza, con las rodillas presionando sobre la piscina de sangre, pongo mis manos sobre sus hombros.
―Quédate quieto ―le digo. Me siento tranquila, aunque no puedo oír nada, como si mi cabeza estuviera sumergida en agua. Edward se agita de nuevo y le digo fuerte, severamente―: Te dije, quédate quieto. Respira.
―¡Mi ojo! ―grita.
Huelo algo fétido. Alguien vomitó.
―Sácalo ―grita―. Sácalo, sácalo de mí. ¡Sácalo!
Niego con la cabeza y luego me doy cuenta de que no me puede ver. Una risa burbujea en mi estómago. Histérica. Tengo que suprimir la histeria si voy a ayudarlo. Tengo que olvidarme de mí misma.
―No ―le digo―. Tienes que dejar que el médico te lo quite. ¿Me escuchas? Dejemos que el médico lo saque. Y respira.
―Duele ―solloza.
―Yo sé que lo hace. ―En lugar de mi voz, escucho la voz de mi madre. La veo en cuclillas delante de mí en la acera de enfrente de nuestra casa, secando las lágrimas de mi rostro después de que me raspara la rodilla. Tenía cinco años en aquel entonces.
―Todo va a estar bien. ―Trato de sonar firme, como si no estuviera tranquilizándolo, pero sí lo estoy. No sé si va a estar bien. Sospecho que no.
Cuando llega la enfermera, ella me dice que me aparte, y eso es lo que hago. Mis manos y rodillas están empapadas de sangre. Cuando miro a mi alrededor, veo que sólo dos caras faltan.

Drew.
Y Peter.


* * * * *

Después de que se llevan a Edward, cargo una muda de ropa hacia el baño y me lavo las manos. Christina viene conmigo y se detiene junto a la puerta, pero no dice nada, y me alegro. No hay mucho que decir.
Limpio las líneas de sangre en mis manos y paso una uña por debajo de las demás uñas para sacarla. Me pongo los pantalones que traje y tiro los sucios a la basura. Tomo tantas toallas de papel como las que puedo sostener. Alguien tiene que limpiar el desorden en el dormitorio, y puesto que dudo que alguna vez sea capaz de dormir de nuevo, muy bien podría hacerlo yo.
Cuando llego a la manija de la puerta, Christina dice―: Sabes quién lo hizo, ¿cierto?
―Sí.
―¿Deberíamos decirle a alguien?
―¿Realmente crees que en Intrepidez van a hacer algo? ―digo―. ¿Después de que ellos te colgaran en La Fosa? ¿Después de que nos hicieran golpearnos mutuamente inconscientemente?
Ella no dice nada.
Durante media hora después de eso, me arrodillo sola en el suelo del dormitorio y restriego la sangre de Edward. Christina tira a la basura las toallas de papel sucias y me alcanza unas nuevas. Myra se ha ido; probablemente ha seguido a Edward al hospital.
Nadie duerme mucho esa noche.

* * * * *

―Esto va a sonar extraño ―comenta Will―. Pero me gustaría no tener un día libre.
Asiento con la cabeza. Sé lo que quiere decir. Tener algo que hacer me distraería, y podría utilizar un poco de distracción en este momento.
No he estado mucho tiempo a solas con Will, pero Christina y Al se han ido a tomar siestas al dormitorio, y ninguno de nosotros quiere estar en esa habitación más de lo que debemos estar. Will no me dijo eso; yo sólo lo sé.
Deslizo una uña debajo de la otra. Lavé mis manos después de limpiar la sangre de Edward, pero todavía siento como si estuviera en mis manos. Will y yo caminamos sin ningún sentido de propósito. No hay ningún lugar para ir.
―Podemos visitarlo ―sugiere Will―. Pero, ¿qué podríamos decir? ¿“No te conozco muy bien, pero lamento que te clavaran un cuchillo en el ojo”?
No es gracioso. Lo sé tan pronto como él lo dice, pero una risa se eleva por mi garganta de todos modos, y la dejó escapar porque es más difícil mantenerla dentro. Will me mira por un segundo, y entonces él también se ríe. A veces, el llanto o la risa son las únicas opciones que quedan, y la risa se siente mejor ahora mismo.
―Lo siento ―le digo―. Es sólo que es tan ridículo.
No quiero llorar por Edward; al menos no de la manera profunda y personal en que lloras por un amigo o ser querido. Quiero llorar porque sucedió algo terrible, y yo lo vi, pero no pude encontrar una manera de solucionarlo. Nadie de los que quieren castigar a Peter tiene la autoridad para hacerlo, y nadie quien tiene la autoridad para castigarlo, le gustaría hacerlo. En Intrepidez existen reglas en contra de atacar a alguien así, pero con gente como Eric a cargo, sospecho que esas reglas no se cumplen.
Digo, más seriamente: ―La parte más ridícula es que, en cualquier otra Facción sería valiente de nuestra parte que le dijéramos a alguien lo que sucedió. Pero aquí... en Intrepidez… la valentía no nos hace ningún bien.
―¿Has leído alguna vez los manifiestos de la Facción? ―dice Will.
Los manifiestos de la Facción fueron escritos después de que se formaran las Facciones. Hemos aprendido acerca de ellos en la escuela, pero nunca los he leído.
―¿Tú lo has hecho? ―frunzo el ceño hacia él. Y entonces recuerdo que Will una vez memorizó un mapa de la ciudad sólo por diversión, y digo―: Oh. Por supuesto que tú lo has hecho. Olvídalo.
―Una de las líneas que recuerdo del manifiesto de Intrepidez, dice: “Creemos en los actos ordinarios de la valentía, en el coraje que impulsa a una persona a defender a otra”.
Will suspira.
Él no necesita decir nada más. Sé lo que quiere decir. Tal vez Intrepidez se formó con buenas intenciones, con ideales correctos y con los objetivos correctos. Sin embargo, se ha alejado de ellos. Y lo mismo puede decirse de los Sabiduría, me doy cuenta. Hace mucho tiempo, los Sabiduría buscaban el conocimiento y el ingenio por el bien de hacer el bien. Ahora buscan el conocimiento y el ingenio con el corazón codicioso. Me pregunto si las otras Facciones sufren el mismo problema. No he pensado en eso antes.
A pesar de la depravación que veo en Intrepidez, con todo, no puedo dejarlo. No es sólo porque el pensamiento de una vida Sin Facción, en completo aislamiento, suena como un destino peor que la muerte. Se debe a que, en los breves momentos que he amado de este lugar, he visto a una Facción que vale la pena salvar. Tal vez podemos llegar a ser valientes y honorables de nuevo.
―Vamos a la cafetería ―dice Will―, y comamos pastel.
―Está bien ―sonrío.
Mientras caminamos hacia La Fosa, me repito mí misma la línea que citó Will, para así no olvidarla.
Creo en los actos ordinarios de la valentía, en el coraje que impulsa a una persona a defender a otra.
Es un pensamiento hermoso.
Más tarde, cuando vuelvo al dormitorio, la litera de Edward está completamente despejada y los cajones están abiertos, vacíos. Al otro lado de la habitación, la litera de Myra se ve de la misma manera.
Cuando le pregunto a Christina a dónde se fueron, ella dice: ―Renunciaron.
―¿Incluso Myra?
―Ella dijo que no quería estar aquí sin él. Iba a ser cortada de todos modos. ―Se encoge de hombros, como si no se le ocurriera nada más que hacer. Si eso es cierto, yo sé cómo se siente―. Por lo menos no cortaron a Al.
Se suponía que cortarían a Al, pero la partida de Edward lo salvaba. Intrepidez decidió prescindir de él hasta la siguiente etapa.
―¿Alguien más ha sido cortado? ―digo.
Christina se encoge de hombros una vez más. ―Dos de los nacidos Intrépidos. No recuerdo sus nombres.
Asiento con la cabeza y miro el tablero. Alguien dibujó una línea a través de los nombres de Edward y de Myra, cambiaron los números al lado de todos los demás nombres. Ahora Peter es el primero. Will está en segundo lugar. Yo soy la quinta. Empezamos la primera etapa con nueve Iniciados.
Ahora somos siete.
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