Capítulo XIX

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Capítulo XIX

Mensaje por iita ™ el Vie Ago 17, 2012 3:05 pm

Cuando entro, la mayoría de los otros Iniciados ―nacidos en Intrepidez y transferidos igualmente― están abarrotados entre las filas de camarotes con Peter en el centro. Él sostiene un pedazo de papel en ambas manos
―El éxodo en masa de los hijos de los líderes de Abnegación no puede ser ignorado o echado a casualidad ―lee él―, la reciente transferencia de Beatrice y Caleb, los hijos de Andrew Prior, cuestionan la validez de los principios y enseñanzas de Abnegación
El frío trepa lentamente por mi columna vertebral. Christina, permanece de pie en el límite del gentío, mira sobre su hombro y me descubre. Me da una mirada preocupada. No me puedo mover. Mi padre. Ahora el Sabiduría está atacando a mi padre
―¿Por qué más los hijos de tan importante hombre decidirían que el estilo de vida que él ha encaminado hacia ellos no es uno admirable? ―continua Peter―, Molly Atwood, una compañera transferida a Intrepidez, alude que una educación perturbadora y abusiva podría tener la culpa. La escuché una vez hablando en sueños, Molly dijo: “Ella estaba diciéndole a su padre que se detuviera a hacer algo. No sé qué era, pero le dio pesadillas”.
Así que esto es la venganza de Molly. Ella debió haber hablado con el reportero de Sabiduría al que Christina le gritó.
Ella sonríe. Sus dientes están torcidos. Si los extraigo de un golpe, podría estar haciéndole un favor.
―¿Qué? ―demando yo. O trato de demandar, pero mi voz sale sofocada y
C chirriante, y tengo que aclarar mi garganta y decirlo de nuevo―. ¿Qué?
Peter para de leer, y unos pocas personas se dan la vuelta. Algunos, como Christina, me miran de una forma compasiva, sus cejas juntas, sus bocas bajadas en las esquinas. Pero la mayoría me da pequeñas sonrisas burlonas y se miran uno a otro insinuantemente. Peter es el último en voltearse, con una amplia sonrisa.
―Dame eso ―digo, alargando mi mano. Mi cara arde.
―Pero no he terminado de leer ―replica él, risa en su voz. Sus ojos escudriñan el papel―. Sin embargo, tal vez la respuesta no yace en un hombre moralmente desolado, sino en los ideales corruptos de una Facción entera. Tal vez la respuesta es que nosotros hemos encomendado nuestra ciudad a un grupo de tiranos proselitistas quienes no saben cómo guiarnos fuera de la pobreza y dentro de la prosperidad
Me dirijo hacia él y trato de coger el papel de sus manos, pero él lo sostiene en alto, muy arriba sobre mi cabeza así yo no puedo alcanzarlo a menos que salte, y no saltaré. En lugar de eso, levanto mi talón y piso tan fuerte como puedo donde los huesos de su pie se conectan a sus dedos. Él aprieta sus dientes para ahogar un quejido
―¡Ese es mi padre! ¡Mi padre, tú cobarde!
Will me aparta, levantándome del suelo. Mi respiración se acelera, y lucho para agarrar el papel antes de que cualquiera pueda leer otra palabra. Tengo que quemarlo, tengo que destruirlo, tengo que…
Will me saca a la fuerza del cuarto y dentro de un pasadizo, sus uñas profundizando en mi piel. Una vez que la puerta se cierra detrás de él, me deja ir, lo empujo tan fuerte como puedo.
―¿Qué? ¿Pensaste que no podía defenderme contra ese pedazo de basura de Sinceridad?
―No ―dice Will. Él se para en frente de la puerta―. Imaginé que te detendría de iniciar un alboroto en el dormitorio. Cálmate
Me rio un poco. ―¿Calmarme? ¿Calmarme? ¡Es mi familia de la que están hablando, esa es mi Facción!
―No, no lo es. ―Hay círculos oscuros debajo de sus ojos, él luce exhausto.
―Es tu antigua Facción, y no hay nada que puedas hacer acerca de lo que dicen, así que podrías ignorarlos también.
―¿Siquiera estabas escuchando? ―El calor en mis mejillas se fue, y mis respiraciones son más fuertes ahora mismo―. Tu estúpida ex-facción ya no solo está insultando a Abnegación. Ellos están exigiendo el derrocamiento del gobierno entero.
Will se ríe. ―No, no lo están. Son arrogantes torpes, y es por eso los dejé, pero no son revolucionarios. Ellos solo quieren algo más que decir, eso es todo, y están resentidos con Abnegación por rehusarse a escucharlos.
―Ellos no quieren que las personas los escuchen, quieren que estén de acuerdo ―replico―. Y ustedes no deberías intimidar a las personas para que estén de acuerdo. ―Toco mis mejillas con las manos―. No puedo creer que mi hermano se uniera a ellos
―Hey. Ellos no son del todo malos ―dice él abruptamente
Yo asiento, pero no creo en él. No puedo imaginar a cualquiera emerger de sano y salvo de Sabiduría, aunque Will parece estar bien.
La puerta se abre de nuevo, y Christina y Al salen andando.
―Es mi turno de tatuarme ―dice ella―. ¿Quieres venir con nosotros?
Aliso mi cabello. No puedo volver a entrar al dormitorio. Aún si Will me dejara, soy superada en número ahí. Mi única opción es ir con ellos y tratar de olvidar lo que está pasando fuera del recinto de Intrepidez. Tengo suficiente de qué preocuparme sin expectación por mi familia
Delante de mí, Al le da a Christina una carrera a cuestas. Ella chilla mientras él arremete a través de la multitud. Las personas les dan un amplio espacio cuando ellos pasan.

* * * * *

Mi hombro aun quema. Christina me persuadió para unirme a ella en hacerse un tatuaje del sello de Intrepidez. Es un círculo con una flama dentro. Mi mamá ni siquiera reaccionó a él sobre mi clavícula, así que no tengo tantas reservas para hacerme tatuajes. Ellos son parte de mi vida aquí, igual de íntegro para mi Iniciación como aprender a pelear. Christina también me persuadió de comprar una blusa para exponer mis hombros y clavícula y delinear mis ojos con un lápiz negro de nuevo. Ya no me molesto en objetarle los intentos de cambio de imagen
Especialmente desde que me encuentro disfrutándolos. Will y yo caminamos detrás de Christina y de Al.
―No pudo creer que te hiciste otro tatuaje ―dice él, sacudiendo la cabeza
―¿Por qué? ―digo―. ¿Porque sigo las reglas?
―No. Porque eres… sensata. ―Él sonríe. Sus dientes son blancos y derechos. ―Así que, ¿Cuál fue tu miedo hoy, Tris?
―Demasiadas multitudes ―replico―. ¿Tú?
Él ríe. ―Demasiado acido.
No pregunto qué significa eso.
―Es realmente fascinante cómo todo funciona ―dice él―. Es básicamente una pelea entre tu tálamo, el cual produce el miedo, y tu lobo frontal, el cual toma las decisiones. Pero la simulación está toda en tu cabeza, así que aún cuando tú sientes como si alguien lo está haciendo, eres solo tú, haciéndolo a ti misma y… ―Su voz se desvaneció―. Lo siento. Sueno como un Sabiduría. Solo un hábito
Me encojo de hombros. ―Es interesante.
Al casi deja caer a Christina, y ella encaja sus manos alrededor de la primera cosa que puede agarrar, la cual simplemente resulto ser la cara de él. Él se encoge y ajusta su agarre en sus piernas. A simple vista, Al parece feliz, pero hay algo serio acerca hasta de sus sonrisas. Estoy preocupada por él
Veo a Cuatro parado por el Abismo, un grupo de gente alrededor de él.
Él se ríe tan fuerte que tiene que agarrase de la verja para mantener el equilibrio. A juzgar por la botella en su mano y el resplandor en su cara, está ebrio, o punto de estarlo. Yo había empezado a pensar en Cuatro como rígido, como un soldado, y olvide que él también tiene dieciocho
―Uh-oh ―dice Will―. Alerta de instructor.
―Al menos no es Eric ―digo―. Él probablemente nos hará jugar a la gallina o algo.
―Seguro, pero Cuatro da miedo. ¿Recuerdan cuando puso el arma en la cabeza de Peter? Yo creo que Peter se orinó.
―Peter se lo merecía ―digo firmemente.
Will no discute conmigo. Él lo podría haber hecho, unas pocas semanas antes, pero ahora todos nosotros hemos vistos de lo que Peter es capaz.
―¡Tris! ―grita Cuatro. Will y yo intercambiamos miradas, mitad sorpresa y mitad aprensión.
Cuatro se aleja de la verja y se acerca a mí. Delante de nosotros, Al y Christina paran de correr, y Christina se desliza al suelo. No los culpo por quedarse mirando. Somos cuatro, y a mí es a la única que Cuatro me habla.
―Te ves diferente. Sus palabras, normalmente claras, son ahora torpes.
―Entonces tú… ―digo. Y lo hace, él se ve más relajado, más joven―. ¿Qué estás haciendo?
―Jugando con la muerte ―replica con una risa―. Bebiendo cerca del Abismo. Probablemente no es una buena idea.
―No, no lo es. ― No estoy segura de que me guste Cuatro de esta manera. Hay algo inquietante acerca de eso
―No sabía que tenías un tatuaje ―dice él, mirando mi clavícula.
Bebe a sorbitos de la botella. Su aliento huele ácido y viscoso. Como el aliento del hombre Sin Facción
―Cierto. Las multitudes ―dice él. Mira sobre su hombro a sus amigos, quienes están continuando sin él, a diferencia de los míos. Él asiente―. Te pediría que te quedaras con nosotros, pero no debes verme de esa manera.
Estoy tentada a preguntarle por qué quiere que me quede con él, pero sospecho que la respuesta tiene algo que ver con la botella en su mano
―¿Cuál manera? ―pregunto―. ¿Beber?
―Si… bueno, no. ―Su voz se suaviza―. Realmente, supongo.
―Pretenderé que no.
―Qué lindo de tu parte. ―Él pone sus labios a un lado de mi oreja y dice―: Te ves bien Tris.
Sus palabas me sorprenden, y mi corazón brinca. Deseo que no lo hiciera, porque a juzgar por la manera en que sus ojos se deslizan sobre mí, él no tiene idea de lo que está diciendo. Me río.
―Hazme un favor y mantente alejado del Abismo, ¿Está bien?
―Por supuesto. ―Él me guiña un ojo.
No puedo evitarlo. Sonrió. Will aclara su garganta, pero no quiero alejarme de Cuatro, aun cuando él camina de nuevo hacia sus amigos.
Luego Al se abalanza sobre mí como una gran roca rodando y me echa sobre su hombre. Yo grito, mi cara se pone roja.
―Vamos, niña ―dice él―. Te estoy llevando a cenar
Descanso mis codos en la espalda de Al y saludo con las manos a Cuatro mientras él me lleva lejos.
―Pensé que tenía que rescatarte ―dice Al mientras nos alejamos. Él me coloca sobre el suelo―. ¿De qué se trató todo eso?
Él está tratando de sonar alegre, pero hace la pregunta casi tristemente. Aún se preocupa demasiado por mí.
―Sí, pienso que a todos nosotros nos gustaría saber la respuesta a esa pregunta ―dice Christina con una voz monótona―. ¿Qué te dijo?
―Nada. ―Sacudo la cabeza―. Él estaba borracho. Ni siquiera sabía lo que estaba diciendo. ―Aclaro mi garganta―. Por eso estoy sonriendo. Es… divertido verlo de esa manera
―Cierto ―dice Will―. Probablemente no podía ser porque…
Yo le doy un codazo fuerte a Will en las costillas antes de que pueda terminar su oración. Él estaba lo suficiente cerca para escuchar lo que Cuatro me dijo acerca de verme bien. No lo necesito diciéndole a todo el mundo acerca de eso, especialmente no a Al. No quiero hacer que se sienta peor.
En casa solía pasar calmadas y agradables noches con mi familia. Mi mamá tejía bufandas para los niños del vecindario. Papá ayudaba a Caleb con su tarea. Había fuego en la chimenea y paz en mi corazón, mientras estuviera haciendo exactamente lo que debía hacer, todo estaría tranquilo. Nunca había sido cargada por un chico de gran estura, o reído hasta que mi estómago me doliera en la mesa del comedor, o escuchado la vociferación de cientos de personas todos hablando al mismo tiempo. La paz está restringida, eso es libertad.
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