Capítulo XX

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Capítulo XX

Mensaje por iita ™ el Vie Ago 17, 2012 3:08 pm

Respiro a través de mi nariz. Adentro, afuera. Adentro.
―Es sólo un simulacro, Tris ―dice Cuatro tranquilamente.
Él está equivocado. El último simulacro marcó mi vida, tanto despierta como dormida. Pesadillas, no sólo con los cuervos, sino también con los sentimientos que tuve en el simulacro; terror y desamparo, que sospecho es de lo que verdaderamente tengo miedo. Repentinos ataques de terror en la ducha, en el desayuno, en el camino hacia aquí. Uñas tan mordidas que mis lechos ungueales3
De todos modos asiento y cierro los ojos. duelen. Y no soy la única que se siente de esa manera; puedo asegurarlo.

* * * * *

Estoy en la oscuridad. La última cosa que recuerdo es la silla de metal y la aguja en mi brazo. Esta vez no hay ningún campo, no hay cuervos. Mi corazón late fuertemente con anticipación. ¿Qué monstruos saldrán arrastrándose de la oscuridad y robarán mi racionalidad? ¿Cuánto tiempo tendré que esperarlos?
Un orbe azul se enciende unos pocos metros encima de mí, y luego otros, llenado la habitación con luz. Estoy en el suelo del Foso, cerca del Abismo, y los
3Tejido conectivo que mantiene adherida la uña a la carne. Iniciados están de pie a mi alrededor, con los brazos cruzados y el rostro en blanco. Busco a Christina y la encuentro parada entre ellos. Ninguno se mueve. Su quietud hace que mi garganta se sienta apretada.
Veo algo enfrente de mí; mi propio reflejo tenue. Lo toco, y mis dedos encuentran el vidrio, frío y suave. Miro hacia arriba. Hay un panel encima de mí; estoy en una caja de vidrio. Presiono encima de mi cabeza para ver si puedo abrirla. No se mueve. Estoy encerrada dentro.
Mi corazón late más rápido. No quiero estar atrapada. Alguien golpea la pared frente a mí. Cuatro. Él apunta a mis pies, sonriendo.
Unos segundos antes, mis pies estaban secos, pero ahora estoy parada en un centímetro y medio de agua, y mis medias están empapadas. Me agacho para ver de dónde está viniendo el agua, pero parece estar viniendo de la nada, levantándose desde el fondo de la caja de vidrio. Miro a Cuatro y él se encoge de hombros. Se une a la multitud de Iniciados.
El agua sube rápido. Ahora cubre mis tobillos. Golpeo contra el cristal con mi puño.
―¡Ey! ―digo―. ¡Déjenme salir de aquí!
El agua se desliza por mis pantorrillas desnudas mientras sube, fría y suave. Golpeo el vidrio más fuerte.
―¡Sáquenme de aquí!
Miro a Christina. Ella se inclina hacia Peter, que está a su lado, y le susurra algo al oído. Ambos ríen.
El agua cubre mis muslos. Golpeo con ambos puños contra el vidrio. Ya no estoy tratando de llamar su atención; estoy tratando de romperlo. Frenética, choco contra el cristal lo más fuerte que puedo. Retrocedo y me pongo de costado, golpeando la pared con mi hombro, una, dos, tres veces, cuatro veces. Golpeo la pared hasta que mi hombro duele, gritando por ayuda, viendo el agua subir hasta mi cintura, mis costillas, mi pecho.
―¡Ayuda! ―grito―. ¡Por favor! ¡Por favor ayuda!
Aporreo el vidrio. Voy a morir en este tanque. Arrastro mis temblorosas manos por mi cabello.
Veo a Will parado entre los Iniciados, y algo hace cosquillas en la parte posterior de mi mente. Algo que él dijo. Vamos, piensa. Dejo de intentar romper el vidrio. Es difícil respirar, pero debo tratar. Necesitaré todo el aire que pueda conseguir en unos segundos.
Mi cuerpo se levanta, sin peso en el agua. Floto más cerca del techo e inclino mi cabeza hacia atrás mientras el agua cubre mi barbilla. Jadeando, aprieto mi rostro por el vidrio encima de mí, succionando tanto aire como puedo. Luego el agua me cubre, sellándome en la caja.
No entres en pánico. No tiene caso; mi corazón se acelera y mis pensamientos se dispersan. Pataleo en el agua, golpeando las paredes. Pateo el vidrio con toda mi fuerza, pero el agua ralentiza a mi pie. El simulacro está sólo en tu cabeza.
Grito, y el agua llena mi boca. Si está en mi cabeza puedo controlarlo. El agua quema mis ojos. Las caras pasivas de los Iniciados miran hacia mí. No les importa.
Grito de nuevo y empujo la pared con mi palma. Escucho algo. Un crujido. Cuando saco mi mano, hay una línea en el vidrio. Golpeo mi otra mano cerca de la primera y doy un nuevo intento, impulsando una nueva grieta a través del vidrio, ésta se extiende fuera de la palma de mi mano, de mis dedos largos y torcidos. Mi pecho quema como si acabara de tragar fuego. Pateo la pared. Mis dedos duelen por el impacto, y escucho un largo y bajo gruñido.
El panel se rompe, y la fuerza del agua contra mi espalda me tira fuera.
Hay aire de nuevo.
Jadeo y me siento. Estoy en la silla. Trago y agito las manos. Cuatro está parado a mi derecha, pero en vez de ayudarme, sólo me mira.
―¿Qué? ―pregunto.
―¿Cómo hiciste eso?
―¿Hacer qué?
―Romper el vidrio.
―No lo sé.
Cuatro finalmente me ofrece su mano. Balanceo mis piernas sobre el costado de la silla, y cuando me paro, me siento estable. Calmada.
Él suspira y me agarra por el codo, medio llevándome, medio empujándome fuera de la habitación. Caminamos rápidamente por el pasillo, y luego me detengo, tirando mi brazo hacia atrás.
―¿Qué? ―demando.
―Eres una Divergente ―responde.
Lo miro fijamente, el miedo pulsando a través de mí como electricidad. Él lo sabe. ¿Cómo lo sabe?
Debo haber metido la pata. Dicho algo mal.
Debería actuar casual. Me recuesto, presionando mis hombros en la pared.
―¿Qué es un Divergente?
―No te hagas la tonta ―dice él―. Lo sospeché la última vez, pero esta vez es obvio. Tú manipulaste el simulacro; eres una Divergente. Voy a borrar la grabación, pero al menos que quieras terminar muerta en el fondo del Abismo, ¡tendrás que encontrar la manera de ocultarlo en los simulacros! Ahora, si me disculpas.
Él camina de vuelta al cuarto de simulacro y da un portazo detrás de sí. Siento los latidos de mi corazón en mi garganta. Manipulé el simulacro; rompí el vidrio. No sabía que eso fuera un acto de Divergencia.
¿Cómo lo sabía él?
Me empujo a mí misma lejos de la pared y empiezo a caminar por el pasillo. Necesitaba respuestas, y sabía quién las tenía.

* * * * *

Camino directo al salón de tatuajes donde vi a Tori la última vez.
No hay mucha gente afuera, porque es media tarde y la mayoría de ellos están en el trabajo o en la escuela. Hay tres personas en el salón: el otro artista tatuador, que está dibujando un león en el brazo de otro hombre, y Tori, que está clasificando una pila de papeles en el mostrador. Ella levanta la vista cuando entro.
―Hola Tris ―dice ella. Mira al otro tatuador, que está tan concentrado en lo que está haciendo que ni nos nota―. Vamos a la parte trasera.
La sigo detrás de la cortina que separa las dos habitaciones. La siguiente habitación contiene algunas sillas, agujas para tatuajes de repuesto, almohadillas de papel, tinta y obras de arte enmarcadas. Tori cierra la cortina y se sienta en una de las sillas. Me siento a su lado, golpeando mis pies en el suelo para tener algo que hacer.
―¿Qué pasa? ―dice ella ―, ¿Cómo están yendo los simulacros?
―Bastante bien ―asiento algunas veces―. Un poco demasiado bien, me han dicho.
―Ah.
―Por favor, ayúdame a entender ―digo despacio―. ¿Qué significa ser…? ―dudo. No debería decir la palabra “Divergente” aquí―. ¿Qué diablos soy? ¿Qué tiene que ver con los simulacros?
El comportamiento de Tori cambia. Ella se recuesta y se cruza de brazos. Su expresión se vuelve cautelosa.
―Entre otras cosas, tú… tú eres alguien que está consciente, de que cuando está en un simulacro, lo que está experimentando no es real ―dice ella―. Alguien que puede manipular el simulacro e incluso cerrarlo. Y también… ―se inclina hacia adelante y me mira a los ojos―. Alguien que, debido a que también es Intrépido… tiende a morir.
Un peso se asienta en mi pecho, como si cada frase que ella dice se acumulara allí. La tensión aumenta dentro de mí hasta que ya no puedo soportarla más, tengo que llorar, o gritar, o…
Suelto una carcajada un poco forzada que termina casi tan rápido como empezó y digo
―¿Así que, voy a morir entonces?
―No necesariamente ―dice―, los líderes de Intrepidez no saben sobre ti todavía. Borré tus resultados de aptitud del sistema inmediatamente y cargué manualmente tu resultado como Abnegación. Pero no te engañes, si descubren lo que eres, te matarán.
La miro fijamente en silencio. Ella no parece loca. Suena firme, aunque un poco urgente, y nunca he sospechado que esté desequilibrada, pero debe estarlo. No ha habido un asesinato en nuestra ciudad desde que nací. Incluso si las personas son capaces de eso, los jefes de una Facción no pueden serlo.
―Estás paranoica ―digo―, los líderes de Intrepidez no me matarían. La gente no hace eso. Ya no. Ese es el punto de todo esto… de todas las Facciones.
―Oh, ¿eso crees? ―Planta sus manos en sus rodillas y mira fija y directamente hacia mí, su rostro se tensa con una súbita ferocidad―. Ellos mataron a mi hermano, ¿por qué no te matarían a ti? ¿Qué te hace especial?
―¿Tu hermano? ―digo entrecerrando los ojos.
―Sí. Mi hermano. Él y yo nos transferimos de Sabiduría, sólo qué su prueba de aptitud no fue concluyente. En el último día de los simulacros encontraron su cuerpo en el abismo. Dijeron que fue un suicidio. Sólo mi hermano lo estaba haciendo bien en el entrenamiento, él estaba saliendo con otra Iniciada, era feliz. ―Sacude su cabeza―. ¿Tú tienes un hermano verdad? ¿No crees que tú sabrías si él fuera un suicida?
Trato de imaginar a Caleb matándose a sí mismo. Incluso la sola idea me parece ridícula. Incluso si Caleb fuera miserable, esa no sería una opción.
Sus mangas están subidas, así que puedo ver el tatuaje de un río en su brazo derecho. ¿Se lo hizo cuando murió su hermano? ¿Fue el río otro miedo que superó?
Ella baja la voz
―En la segunda etapa del entrenamiento, Georgie lo hizo muy bien. Dijo que los simulacros ni siquiera eran atemorizantes para él… que eran como un juego. Así que los instructores tomaron especial interés en él. Se amontonaron en la habitación cuando él fue abajo, en lugar de sólo dejar que el instructor les informara sus resultados. Susurraban sobre él todo el tiempo. El último día de los simulacros, uno de los líderes de Intrepidez vino a verlo en persona. Y al día siguiente, Georgie se había ido.
Yo podría ser buena en los simulacros, si lograba dominar cualquier fuerza que me ayudó a romper el vidrio. Podría ser tan buena que todos los instructores lo notarían. Podría serlo, pero ¿lo haré?
―¿Eso es todo lo que es ser Divergente? ―digo―. ¿Sólo cambiar los simulacros?
―Lo dudo ―responde―, pero eso es todo lo que sé.
―¿Cuántas personas saben sobre esto? ―pregunto pensando en Cuatro―. Acerca de manipular los simulacros.
―Dos tipos de personas ―dice―. Las que te quieren muerta. O las que lo han experimentado por sí mismas. De primera mano. O de segunda mano, como yo.
Cuatro me dijo que borraría la grabación de mí rompiendo el vidrio. Él no me quiere muerta. ¿Es él un Divergente? ¿Era miembro de una familia? ¿Tiene amigos? ¿Novia?
Empujo el pensamiento a un lado. No puedo dejar que él me distraiga.
―No entiendo ―digo despacio―, ¿por qué a los líderes de Intrepidez les importaría que yo pueda manejar los simulacros?
―Si lo supiera, ya te lo habría dicho a estas alturas. ―Junta sus labios, presionándolos―. Lo único a lo que he llegado es que cambiar los simulacros no es lo que les importa; es sólo un síntoma de lo que verdaderamente les importa. ―Tori toma mi mano y la presiona entre sus palmas―. Piénsalo ―dice―, estas personas te enseñaron a usar un arma. Te enseñaron cómo luchar. ¿Crees que están por encima de lastimarte? ¿Por encima de matarte?
Ella suelta mi mano y se levanta.
―Tengo que irme o Bud hará preguntas. Sé cuidadosa Tris.
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