Capítulo XXI

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Capítulo XXI

Mensaje por iita ™ el Vie Ago 17, 2012 3:11 pm

La puerta a La Fosa se cierra detrás de mí, y me quedo sola. No he recorrido este túnel desde el día de la Ceremonia de Elección. Recuerdo cómo lo recorrí entonces, mis pasos inestables, buscando la luz. Ahora camino a paso firme. Ya no necesito la luz.
Han pasado cuatro días desde que hablé con Tori. Desde entonces, El Erudito ha publicado dos artículos sobre Abnegación. El primer artículo acusa a Abnegación de lujos sinsentidos como los coches y la retención de fruta fresca de las otras Facciones con el fin de forzar su creencia en la negación de sí mismo a todos los demás. Cuando lo leí, pensé en la hermana de Will, Cara, acusando a mi madre de acaparar bienes.
El segundo artículo analiza las fallas de la elección de los funcionarios del gobierno en base de su Facción, preguntando por qué las únicas personas que se definen como desinteresados deben estar en el gobierno. Promueve un retorno a los sistemas políticos democráticamente elegidos en el pasado. Tiene mucho sentido, lo que me hace sospechar que es una llamada a la revolución envuelta en la indumentaria de la racionalidad.
Llego al final del túnel. La red se extiende a través del agujero, tal como lo hizo la última vez que la vi. Subo las escaleras a la plataforma de madera donde Cuatro me sacó a tierra firme y agarró la barra a la que la red está conectada. Yo no habría sido capaz de levantar mi cuerpo con sólo mis brazos cuando llegué aquí, pero ahora lo hago casi sin pensar y ruedo en el centro de la red.
Por encima de mí están los edificios vacíos situados en el borde del agujero, y el cielo. Éste es de color azul oscuro y sin estrellas. No hay luna.
Los artículos me preocupaban, pero tengo amigos que me animan, y eso es algo.
Cuando el primero fue publicado, Christina encantó a uno de los cocineros en la cocina de Intrepidez, y nos dejó probar algunas tortas de masa. Después del segundo artículo, Uriah y Marlene me enseñaron un juego de cartas, y hemos jugado durante dos horas en el comedor.
Esta noche, sin embargo, quiero estar sola. Más que eso, quiero recordar por qué he venido aquí, y por qué estaba tan decidida a quedarme aquí como para saltar de un edificio por ello, antes de que supiera lo que significaba ser parte de Intrepidez. Muevo mis dedos por los agujeros en la red por debajo de mí.
Quería ser como los de Intrepidez que vi en la escuela. Yo quería ser fuerte y audaz y libre como ellos. Pero aún no eran miembros; sólo estaban jugando a ser de Intrepidez. Y así lo estaba yo, cuando salté de esa azotea. Yo no sabía lo que era el miedo.
En los últimos cuatro días, enfrenté cuatro miedos. En uno estaba atada a una estaca y Peter encendía un fuego debajo de mis pies. En otro me estaba ahogando de nuevo, esta vez en medio de un océano mientras el agua rugía a mi alrededor. En el tercero, vi como mi familia poco a poco se desangraba hasta morir. Y en el cuarto, fue acarreada a punta de pistola y obligada a disparar contra ellos. Sé lo que es el miedo ahora.
El viento corre por encima del borde del agujero y se apodera de mí, cierro los ojos. En mi mente estoy en el borde del techo de nuevo. Desabrocho los botones de mi camisa gris de Abnegación, dejando al descubierto mis brazos, revelando más de mi cuerpo de lo que nadie ha visto nunca. Envuelvo en una pelota la camisa y la arrojo hacia el pecho de Peter.
Abro los ojos. No, estaba equivocada; no salté del techo porque quería ser como en Intrepidez. Salté porque ya era como ellos, y yo quería mostrarme a ellos. Quería reconocer una parte de mí que Abnegación reclama que escondo.
Estiro las manos sobre mi cabeza y las engancho en la red de nuevo. Llego con mis dedos de los pies tan lejos como puedo, tomando la mayor cantidad de la red como sea posible. El cielo nocturno está vacío y en silencio, y por primera vez en cuatro días, lo mismo sucede en mi mente.
Sostengo mi cabeza en mis manos y respiro profundamente. Hoy la simulación fue la misma que ayer: Alguien me apunta con una pistola y me ordena que mate a mi familia. Cuando levanto la cabeza, veo que Cuatro me está mirando.
―Sé que la simulación no es real ―digo.
―No tienes que explicármelo ―responde―. Amas a tu familia. No quieres dispararles. No es lo más irrazonable del mundo.
―En la simulación es la única vez que llego a verlos ―digo. A pesar de que dice que no, siento como que tengo que explicar por qué este miedo es tan difícil para mí de enfrentar. Retuerzo mis dedos juntos y los separo. Mis uñas están mordidas crudamente; las he estado masticando mientras duermo. Me despierto con las manos ensangrentadas cada mañana―. Los echo de menos. ¿Alguna vez sólo... extrañas a tu familia?
Cuatro mira hacia abajo. ―No ―dice finalmente―. No lo hago. Pero eso es inusual.
Es inusual, tan inusual que me distrae del recuerdo de sostener una pistola contra el pecho de Caleb. ¿Cómo era su familia para que ya no se preocupe por ellos? Hago una pausa con mi mano en el picaporte y miro hacia atrás en él.
¿Eres como yo? Le pregunto en silencio. ¿Eres Divergente?
Incluso pensar en la palabra parece peligroso. Sus ojos sostienen los míos, y mientras el segundo pasa en silencio, se ve menos y menos severo. Escucho mis latidos. He estado mirándolo por mucho tiempo, pero entonces, él ha estado mirándome de regreso, y siento que los dos estamos tratando de decir algo que el otro no puede oír, aunque podría estar imaginando eso. Demasiado tiempo; y ahora, incluso más, con mi corazón más estridente, sus tranquilos ojos me devoran entera.
Empujo la puerta y me apresuro por el pasillo.
No debería distraerme tan fácilmente por él. No debería ser capaz de pensar en otra cosa que la Iniciación. Las simulaciones deberían perturbarme más; ellas deberían romper mi mente, como lo han venido haciendo con la mayoría de los otros Iniciados. Drew no duerme… él simplemente se queda mirando a la pared, hecho un ovillo. Al grita cada noche por sus pesadillas y llora en su almohada. Mis pesadillas y mis uñas masticadas languidecen en comparación.
Los gritos de Al me despiertan todo el tiempo, y me quedo mirando a los resortes por encima de mí y me pregunto qué demonios me pasa, ya que todavía me siento fuerte cuando todo el mundo se está desmoronando.
¿Es por ser Divergente que me mantengo firme, o es algo más?
Cuando regreso al dormitorio, espero encontrar la misma cosa que encontré el día anterior: unos pocos Iniciados acostados en las camas o mirando a la nada. En su lugar, están de pie en un grupo en el otro extremo de la habitación. Eric se encuentra en frente de ellos con un tablero en sus manos, el cual está de frente hacia el otro lado, por lo que no puedo ver lo que está escrito en él. Me quedo al lado de Will.
―¿Qué está pasando? ―susurro. Espero que no sea otro artículo, porque no estoy segura de que pueda manejar más hostilidad dirigida a mí.
―La puntuación de la segunda etapa ―dice.
―Pensé que no había cortes después de la segunda etapa ―siseo.
―No los hay. Es sólo un informe de progreso, algo así.
Asiento con la cabeza.
La vista del tablero me hace sentir incómoda, como si algo está nadando en mi estómago. Eric levanta el tablero sobre su cabeza y lo cuelga en el clavo. Cuando se hace a un lado, la sala se queda en silencio, y estiro mi cuello para ver lo que dice.
Mi nombre está en la primera muesca.
Las cabezas se voltean en mi dirección. Yo sigo la lista hacia abajo. Christina y Will son los séptimo y noveno, respectivamente. Peter es el segundo, pero cuando miro en el tiempo indicado para su nombre, me doy cuenta de que el margen entre nosotros es notablemente amplio.
El promedio de tiempo de la simulación de Peter es de ocho minutos. El mío es de dos minutos, cuarenta y cinco segundos.
―Buen trabajo, Tris ―dice Will en voz baja.
Asiento con la cabeza, sin dejar de mirar el tablero. Debería estar satisfecha por estar en el primer puesto, pero sé lo que eso significa. Si Peter y sus amigos me odiaban antes, ahora deben de despreciarme.
Ahora soy Edward. El siguiente podría ser mi ojo. O algo peor.
Busco el nombre de Al y lo encuentro en la última muesca. La multitud de los Iniciados se separa lentamente, sólo dejándonos de pie a Peter, Will, Al y a mí. Quiero consolar a Al. Decirle que la única razón por la que estoy haciéndolo bien es porque hay algo diferente en mi cerebro.
Peter se gira lentamente, cada miembro impregnado con tensión. Un resplandor habría sido menos amenazante que la mirada que me da; una mirada de odio puro. Camina hacia su litera, pero en el último segundo, se da la vuelta rápidamente y me empuja contra una pared, con una mano en cada uno de mis hombros.
―No voy a ser superado por una Estirada ―susurra; su cara está tan cerca de la mía que puedo oler su aliento rancio―. ¿Cómo lo hiciste, eh? ¿Cómo diablos lo hiciste?
Él tira de mí hacia delante a unos cuantos centímetros y luego me golpea contra la pared otra vez. Aprieto los dientes para no gritar, aunque el dolor por el impacto baja todo el camino de mi espalda. Will agarra a Peter por el cuello de su camisa y lo arrastra lejos de mí.
―Déjala en paz ―dice―. Sólo un cobarde intimida a una niña.
―¿Una niña? ―Se burla Peter, rompiendo el agarre de la mano de Will―. ¿Eres ciego o sólo estúpido? Ella te va a poner al borde de la clasificación y sacarte de Intrepidez, y vas a conseguir nada, y todo porque sabe cómo manipular a las personas y tú no. Así que cuando te des cuenta de que ella está a punto de arruinarnos a todos nosotros, házmelo saber.
Peter sale corriendo del dormitorio. Molly y Drew le siguen, con miradas de disgusto en sus rostros.
―Gracias ―digo, asintiéndole a Will.
―¿Está en lo cierto? ―pregunta Will en voz baja―. ¿Estás tratando de manipularnos?
―¿Cómo demonios haría eso? ―Frunzo el ceño hacia él―. Estoy haciendo lo mejor que puedo, como cualquier otra persona.
―No sé. ―Él se encoge de hombros―. ¿Al actuar débil para que así te tengamos lástima? ¿Y luego actuando duro para sacarnos con tu psique?
―¿Sacarlos con mi psique? ―repito―. Soy tu amiga. Yo no haría eso.
Él no dice nada. Puedo decir que no me cree… no del todo.
―No seas idiota, Will ―dice Christina, saltando de su litera. Me mira sin compasión, y añade―: Ella no está actuando.
Christina se da la vuelta y se va, sin azotar la puerta. Will le sigue. Estoy sola en la habitación con Al. La primera y el último.
Al nunca se ha visto pequeño antes, pero lo hace ahora, con los hombros caídos y su cuerpo derrumbándose sobre sí mismo como un papel arrugado. Se sienta en el borde de su cama.
―¿Estás bien? ―le pregunto.
―Por supuesto ―dice.
Su cara es de color rojo brillante. Yo miro hacia otro lado. Preguntarle fue sólo una formalidad. Cualquiera que tenga ojos puede ver que Al no está bien.
―Esto no ha terminado ―le digo―. Puedes mejorar tu clasificación si...
Mi voz se apaga cuando me mira. Ni siquiera sé lo que le diría si terminara mi frase. No existe una estrategia para la segunda etapa. Esta cala hondo en el corazón de lo que somos y prueban cualquier valor que está ahí.
―¿Ves? ―dice él―. No es tan simple.
―Yo sé que no es.
―No creo que lo sepas ―dice, negando con la cabeza. Su barbilla se tambalea―. Para ti es fácil. Todo esto es fácil.
―Eso no es cierto.
―Sí, lo es. ―Cierra los ojos―. No me estás ayudando al fingir que no lo es. Yo no… yo no estoy seguro de que me puedas ayudar en absoluto.
Me siento como si hubiera entrado en un aguacero, y toda mi ropa está pesada por el agua; como si soy pesada y torpe e inútil. No sé si quiere decir que nadie le puede ayudar, o si yo, en específico, no puedo ayudarle, pero no estaría bien con ninguna de las interpretaciones.
Quiero ayudarlo. Soy incapaz de no hacerlo.
―Yo... ―empiezo a decir, con la intención de disculparme, pero, ¿por qué? ¿Por ser más de Intrepidez de lo que él es? ¿Por no saber qué decir?
―Yo sólo... ―las lágrimas que se han estado reuniendo en sus ojos se extienden, mojando sus mejillas―... quiero estar solo.
Asiento con la cabeza y me alejo de él. Dejarlo no es una buena idea, pero no puedo evitarlo.
Cierro la puerta detrás de mí, y sigo caminando.
Camino más allá de la fuente de agua potable y a través de los túneles que parecían no tener fin el día que llegué aquí pero que ahora apenas se registran en mi mente. Esta no es la primera vez que le he fallado a mi familia desde que llegué aquí, pero por alguna razón, se siente de esa manera. Cada otra vez que fallé, sabía qué hacer pero decidía no hacerlo. Esta vez, no sabía qué hacer. ¿He perdido la capacidad de ver lo que las personas necesitan? ¿He perdido parte de mí misma?
Sigo caminando.

* * * * *

De alguna manera encuentro el pasillo en el que me senté el día en que Edward se fue. No quiero estar sola, pero no siento como si tuviera mucho más a elegir. Cierro los ojos y presto atención a la fría piedra debajo de mí y respiro el aire a humedad subterránea.
―¡Tris! ―alguien me llama desde el final del pasillo. Uriah trota hacia mí. Detrás de él están Lynn y Marlene. Lynn está sosteniendo un panecillo.
―Pensé que podría encontrarte aquí. ―Él se agacha cerca de mis pies―.
Escuché que clasificaste en el primer lugar.
―¿Así que sólo querían felicitarme? ―sonrío―. Bueno, gracias.
―Alguien debería ―dice―. Y pensé que tus amigos pueden no estar con ganas de felicitarte, ya que sus rangos no son tan altos. Así que deja de abatirte y ven con nosotros. Voy a dispararle a un panecillo en la cabeza de Marlene.
La idea es tan ridícula que no puedo evitar reír. Me levanto y sigo a Uriah hacia el final del pasillo, donde Marlene y Lynn están esperando. Lynn entrecierra sus ojos hacia mí, pero Marlene sonríe.
―¿Por qué no estás celebrando? ―pregunta ella―. Tienes prácticamente garantizado un lugar en los primeros diez si sigues así.
―Ella es demasiado Intrepidez para los otros transferidos ―dice Uriah.
―Y también demasiado Abnegación para “celebrar” ―señala Lynn.
La ignoro. ―¿Por qué van a dispararle a un panecillo en la cabeza de Marlene?
―Ella me apostó a que no podría apuntar lo suficientemente bien como para golpear a un objeto pequeño a treinta metros ―explica Uriah―. Yo le aposté a que ella no tenía las agallas para permanecer allí cuando lo intentara. Funciona bien, en serio.
La sala de entrenamiento donde por primera vez disparé un arma no está lejos de mi pasillo oculto. Llegamos allí en menos de un minuto, y Uriah vuela hacia el interruptor de la luz. Se ve de la misma manera que la última vez que estuve allí: los objetivos en un extremo de la sala, una mesa con armas en el otro.
―¿Ellos sólo mantienen a éstas sueltas por ahí? ―pregunto.
―Sí, pero no están cargadas. ―Uriah se levanta la camisa. Hay un arma atrapada bajo la cinturilla de su pantalón, justo debajo de un tatuaje. Me quedo mirando el tatuaje, tratando de averiguar lo que es, pero luego deja caer su camisa―. Está bien ―dice―. Ve y ponte de pie delante de un objetivo.
Marlene se aleja, medio saltando a su paso.
―No vas a dispararle en serio, ¿verdad? ―le pregunto a Uriah.
―No es un arma de verdad ―dice Lynn calmadamente―. Tiene gránulos de plástico en ella. Lo peor que puede pasar es que pinchen su cara, tal vez le deje una roncha. ¿Qué crees que somos, tontos?
Marlene se encuentra delante de uno de los objetivos y acomoda el panecillo sobre su cabeza. Uriah entrecierra un ojo mientras apunta el arma.
―¡Espera! ―grita Marlene. Rompe un pedazo del panecillo y lo mete en su boca―. ¡Mm bien! ―grita la palabra ilegible por la comida. Ella le da a Uriah un pulgar hacia arriba.
―Supongo que tus rangos son buenos ―le digo a Lynn.
Ella asiente con la cabeza. ―Uriah está de segundo. Yo soy la primera. Marlene es la cuarta.
―Eres la primera sólo por un cabello ―dice Uriah mientras apunta. Aprieta el gatillo. El panecillo se cae de la cabeza de Marlene. Ella ni siquiera parpadear.
―¡Ambos ganamos! ―grita ella.
―¿Echas de menos tu antigua Facción? ―me pregunta Lynn.
―A veces ―le digo―. Era más tranquilo. No tan agotador.
Marlene levanta el panecillo de la tierra y lo muerde. Uriah grita―: ¡Asqueroso!
―La Iniciación se supone que nos lleva hacia lo que realmente somos. Eso es lo que dice Eric, de todos modos ―dice Lynn. Arquea una ceja.
―Cuatro dice que es para prepararnos.
―Bueno, ellos no están de acuerdo en gran parte.
Asiento con la cabeza. Cuatro me dijo que la visión de Eric para Intrepidez no es lo que se supone que sea, pero me gustaría que él me dijera exactamente cuál piensa que es la visión correcta. He tenido vislumbre de ello de vez en cuando ―los de Intrepidez vitoreando cuando salté del edificio, la red de brazos que me capturaron después de la tirolesa*

Tirolesa: tirolina, canopy o canopi consiste en una polea suspendida por cables montados en un declive o inclinación. Se diseñan para que sean impulsados por gravedad y deslizarse desde la parte superior hasta el fondo mediante un cable, usualmente cables de acero inoxidable.

― pero no son suficientes. ¿Ha leído el manifiesto de Intrepidez? ¿Es en ello en lo que él cree… en los actos ordinarios de valentía?
La puerta de la sala de entrenamiento se abre. Shauna, Zeke, y Cuatro entran justo cuando Uriah dispara a otro objetivo. El pellet de plástico rebota en el centro de la diana y rueda por el suelo.
―Me pareció escuchar algo aquí ―dice Cuatro.
―Resulta que es el idiota de mi hermano ―dijo Zeke―. Se supone que no debes estar aquí después de horas. Cuidado, o Cuatro le dirá a Eric, y entonces serás tan bueno como el cuero cabelludo.
Uriah arruga la nariz a su hermano y aparta el arma de aire comprimido. Marlene cruza la sala, pegando mordiscos a su panecillo, y Cuatro se hace a un lado de la puerta para no obstruirnos el paso.
―No le dirías a Eric ―dice Lynn, mirando sospechosamente a Cuatro.
―No, no lo haría ―dice él. Cuando paso a su lado, él apoya su mano en la parte superior de mi espalda para acompañarme fuera, con la palma de su mano presionando entre mis omóplatos. Me estremezco. Espero que no lo note.
Los otros caminan por el pasillo, Zeke y Uriah empujándose entre sí, Marlene compartiendo su panecillo con Shauna, Lynn marchando enfrente. Empiezo a seguirlos.
―Espera un segundo ―dice Cuatro. Me giro hacia él, preguntándome qué versión de Cuatro voy a ver ahora; el que me regaña, o el que sube Ruedas de la Fortuna conmigo. Él sonríe un poco, pero la sonrisa no se extiende a sus ojos, los cuales se ven tensos y preocupados.
―Perteneces aquí, ¿sabes eso? ―dice―. Perteneces a nosotros. Esto va a terminar pronto, así que resiste, ¿de acuerdo?
Se rasca la oreja y mira hacia otro lado, como si estuviera avergonzado por lo que dijo.
Lo miro fijamente. Siento los latidos de mi corazón por todas partes, incluso en los dedos de mis pies. Tengo ganas de hacer algo audaz, pero también podría simplemente irme fácilmente. No estoy segura de cuál es la opción más inteligente, o mejor. No estoy segura de que me importa.
Me acerco y tomo su mano. Sus dedos se deslizan entre los míos. No puedo respirar.
Miro hacia él, y él mira hacia abajo a mí. Durante un largo momento, nos quedamos de esa manera.
Luego, saco mi mano y corro detrás de Uriah y Lynn y Marlene. Tal vez ahora él piensa que soy estúpida, o extraña. Tal vez vale la pena.

* * * * *

Vuelvo al dormitorio antes que nadie, y cuando comienzan a llegar, me meto en la cama y finjo estar dormida. No necesito a ninguno de ellos, no si van a reaccionar de esta manera cuando me va bien. Si puedo pasar la Iniciación, seré de Intrepidez, y no voy a tener que verlos nunca más.
No los necesito; ¿pero no los quiero? Cada tatuaje que obtuve con ellos es una señal de su amistad, y casi cada vez que me he reído en este lugar oscuro ha sido a causa de ellos. No quiero perderlos. Pero siento como si lo he hecho.
Después de por lo menos media hora de pensamientos acelerados, ruedo sobre mi espalda y abro los ojos.
El dormitorio está oscuro ahora; todo el mundo se ha ido a la cama. Probablemente agotados de resentirme tanto, pienso con una sonrisa irónica. Como si venir de la Facción más odiada no fuera suficiente, ahora se los estoy demostrando, también.
Me levanto de la cama para tomar un vaso de agua. No tengo sed, pero tengo que hacer algo. Mis pies descalzos hacen sonidos pegajosos en el suelo al caminar, mi mano roza la pared para mantener mi camino recto. Una bombilla ilumina de color azul por encima de la fuente de agua potable.
Me arremolino el cabello sobre un hombro y me agacho. Tan pronto como el agua toca mis labios, oigo voces al final del pasillo. Me arrastro más cerca de ellos, confiando en la oscuridad para mantenerme oculta.
―Hasta ahora no ha habido ninguna señal de ello. ―Es la voz de Eric. ¿Señales de qué?
―Bueno, no habrás visto mucho de ello todavía ―responde alguien. Una voz femenina; fría y familiar, pero familiar como un sueño, no una persona real―. El entrenamiento para el combate no muestra nada. Las simulaciones, sin embargo, revelan quiénes son los Divergentes rebeldes, si los hay, por lo que tendremos que examinar las imágenes varias veces para estar seguros.
La palabra “Divergentes” me hace sentir frío. Me inclino hacia delante, con la espalda pegada a la piedra, para ver a quién pertenece la voz familiar.
―No te olvides de la razón por la que Max te designó ―dice la voz―. Tu prioridad es siempre encontrarlos. Siempre.
―No voy a olvidarlo.
Me muevo unos cuantos centímetros hacia adelante, con la esperanza de todavía estar oculta. De quien sea que pertenezca esa voz, está moviendo los hilos; ella es la responsable de la posición de liderazgo de Eric; ella es la que me quiere muerta. Inclino mi cabeza hacia adelante, tratando de verlos antes de que doblen la esquina.
Entonces, alguien me agarra por detrás.
Empiezo a gritar, pero unas manos cubren mi boca. Huele a jabón y es lo suficientemente grande para cubrir la mitad inferior de mi cara. Me agito fuertemente, pero los brazos que me sostienen son demasiado fuertes, por lo que muerdo uno de los dedos.
―¡Ay! ―exclama una voz áspera.
―Cierra la boca y mantén su boca cubierta. ―Esa voz es más alta que la de la media de los hombres y más clara. Peter.
Una tira de tela oscura cubre mis ojos, y un nuevo par de manos la atan en la parte posterior de mi cabeza. Me esfuerzo por respirar. Hay por lo menos dos pares de manos sobre mis brazos, arrastrándome hacia adelante, una en mi espalda, empujándome en la misma dirección, y una en mi boca, manteniendo mis gritos dentro. Tres personas. Me duele el pecho. No puedo resistir frente a tres personas por mi cuenta.
―Me pregunto a qué suena cuando una Estirada pide misericordia ―dice Peter soltando una risita―. Date prisa.
Trato de concentrarme en la mano sobre mi boca. Tiene que haber algo distinto sobre ella que le hará más fácil de identificar. Su identidad es un problema que puedo resolver. Tengo que resolver un problema ahora mismo, o entraré en pánico.
La palma está sudorosa y suave. Aprieto los dientes y respiro por la nariz. El olor a jabón es familiar. Hierba de limón y salvia. El mismo olor que rodea la litera de Al. Un peso cae en mi estómago.
Escucho el choque del agua contra las rocas. Estamos cerca del Abismo… debemos estar por encima de él, dado el volumen del sonido. Aprieto los labios para no gritar. Si estamos por encima del Abismo, yo sé lo que van a intentar hacerme.
―Levántenla, vamos.
Yo me retuerzo, y su piel áspera choca contra la mía, pero sé que es inútil. También grito, sabiendo que nadie me puede escuchar aquí.
Sobreviviré hasta mañana. Lo haré.
Las manos me dan la vuelta y me levantan y golpean mi espalda contra algo duro y frío.
A juzgar por su ancho y la curvatura, se trata de una barandilla de metal. Se trata de la barandilla de metal, la que domina el abismo. Mi respiración jadea y la niebla toca la parte de atrás de mi cuello.
Las manos fuerzan mi espalda contra el arco encima de la barandilla. Mis pies se despegan del suelo, y mis agresores son lo único que me mantienen de caer en el agua.
Una dura mano toca a tientas a lo largo de mi pecho. ―¿Estás segura de que tienes dieciséis años, Estirada? No se siente como si tuvieras más de doce. ―El otro chico se ríe.
La bilis se eleva en mi garganta y me trago el sabor amargo.
―¡Espera, creo que encontré algo! ―Su mano me aprieta. Me muerdo la lengua para no gritar. Más risas.
La mano de Al se desliza de mi boca. ―Deja de hacer eso ―suelta. Reconozco su baja y distintiva voz.
Cuando Al me suelta, me retuerzo de nuevo y me deslizo por el suelo. Esta vez, muerdo tan duro como puedo el primer brazo que encuentro. Oigo un grito y aprieto la mandíbula más duro, degustando sangre. Algo duro golpea mi rostro. La cadencia corre a través de mi cabeza. Habría sido dolor si la adrenalina no estuviera cursando a través de mí como ácido.
El chico tuerce fuertemente su brazo atrapado lejos de mí y me tira al suelo. Golpeo mi codo contra la piedra y llevo mis manos a la cabeza para quitar la venda de mis ojos. Un pie se impulsa contra mi costado, sacando el aire de mis pulmones. Jadeo y toso y aferro la parte posterior de mi cabeza. Alguien toma un puñado de mi cabello y golpea mi cabeza contra algo duro. Un grito de dolor estalla de mi boca, y me siento mareada.
Torpemente, busco a tientas a lo largo del lado de mi cabeza para encontrar el borde de la venda de los ojos. Arrastro mi pesada mano hasta arriba, tomando la venda de los ojos con ella, y parpadeo. La escena ante mí está de lado y sube y baja. Veo a alguien corriendo hacia nosotros y alguien escapando… alguien grande, Al. Me aferro a la barandilla junto a mí y me pongo de pie.
Peter envuelve una mano alrededor de mi garganta y me levanta del suelo, con su pulgar clavado debajo de mi barbilla. Su cabello, el cual es generalmente brillante y liso, está alborotado y pegado a su frente.
Su rostro pálido está retorcido y sus dientes están apretados, y me mantiene por encima del abismo mientras que manchas aparecen en los bordes de mi visión, amontonándose en torno a su rostro, verde, rosa y azul. No dice nada. Trato de darle una patada, pero mis piernas son demasiado cortas. Mis pulmones gritan por aire.
Escucho un grito, y él me libera.
Extiendo mis brazos mientras caigo, jadeando, y mis axilas chocan contra la barandilla. Conecto mis codos sobre ella y gimo. La niebla toca mis tobillos. El mundo cae y se balancea a mí alrededor, y alguien se encuentra en La Fosa en el suelo… Drew… gritando. Escucho golpes. Patadas.
Gemidos.
Parpadeo un par de veces y me concentro tan duro como puedo en la única cara que puedo ver. Está contorsionada por la ira. Sus ojos son de color azul oscuro.
―Cuatro ―sollozo.
Cierro los ojos, y unas manos envuelven mis brazos, justo donde se unen con mi hombro. Él me tira por encima de la barandilla y me coloca contra su pecho, envolviéndose en sus brazos, pasando un brazo por debajo de mis rodillas. Presiono mi rostro en su hombro, y hay un silencio repentino, hueco.
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