Capítulo XXXIII

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Capítulo XXXIII

Mensaje por iita ™ el Vie Ago 31, 2012 8:06 pm

Trato de llegar a Tobias a solas después de que la clasificación fuera anunciada, pero la multitud de Iniciados y de miembros es muy densa, y la fuerza de sus felicitaciones lo aleja de mí. Decido salir a hurtadillas del dormitorio después de que todo el mundo esté dormido y encontrarlo, pero el Paisaje del Miedo me agotó más de lo que me di cuenta, por lo que pronto, voy a la deriva también.
Me despierto ante los chirridos de colchones y pies arrastrándose. Está demasiado oscuro para que pueda ver con claridad, pero a medida que mis ojos se ajustan, veo que Christina está atándose los cordones de los zapatos. Abro la boca para preguntarle qué está haciendo, pero luego me doy cuenta de que frente a mí, Will se está poniendo una camisa. Todo el mundo está despierto, pero todo el mundo está en silencio.
―Christina ―siseo. Ella no se fija en mí, así que agarro su hombro y la agito.
―¡Christina!
Ella sólo sigue atando los cordones de sus zapatos.
Mi estómago se aprieta cuando veo su rostro. Sus ojos están abiertos, pero en blanco, y sus músculos faciales están flojos. Se mueve sin mirar lo que está haciendo, con la boca medio abierta, no despierta pero parece despierta. Y todos los demás se ven igual que ella.
―¿Will? ―pregunto, cruzando la habitación. Todos los Iniciados se acomodan en una línea cuando terminan de vestirse. Comienzan a marchar en silencio fuera del dormitorio. Agarro el brazo de Will para que no se vaya, pero avanza con una fuerza incontenible. Aprieto los dientes y resisto lo más duro que puedo, cavando mis talones en el suelo. Sólo me arrastra con él.
Están sonámbulos.
Busco a tientas mis zapatos. No puedo quedarme aquí sola. Me ato los zapatos en un apuro, me pongo una chaqueta, y me apresuro fuera de la habitación, alcanzando la fila de Iniciados rápidamente, ajustando mi ritmo al de ellos. Me toma unos segundos darme cuenta de que se mueven al unísono, el mismo pie hacia adelante con el mismo brazo balanceándose hacia atrás. Los imito lo mejor que puedo, pero el ritmo se siente extraño para mí.
Marchamos hacia La Fosa, pero cuando llegamos a la entrada, la parte delantera de la línea gira a la izquierda. Max se encuentra en el pasillo, mirándonos. Mi corazón martilla en mi pecho y miro tan vacíamente como me es posible delante de mí, centrándome en el ritmo de mis pies. Me pongo tensa mientras lo paso. Él se dará cuenta. Él notará que no tengo muerte cerebral como el resto de ellos y algo malo me pasará, sólo lo sé.
Los ojos oscuros de Max pasan más allá de mí.
Subimos un tramo de escaleras y viajamos al mismo ritmo por cuatro corredores. Entonces el pasillo se abre a una enorme caverna. En su interior hay una multitud de Intrepidez.
Hay filas de mesas con montículos negros en ellas. No puedo ver qué son las pilas hasta que estoy a un pie de distancia de ellas. Armas de fuego.
Por supuesto. Eric dijo que todos los Intrepidez fueron inyectados ayer. Así que ahora toda la Facción está en muerte cerebral, obediente, y entrenada para matar. Soldados perfectos.
Tomo un arma y una funda y un cinturón, imitando a Will, quien se encuentra justo delante de mí. Trato de coincidir con sus movimientos, pero no puedo predecir lo que va a hacer, así que termino buscando a tientas más de lo que me gusta. Aprieto los dientes. Sólo tengo que confiar en que nadie me está mirando.
Una vez que estoy armada, sigo a Will y a los otros Iniciados hacia la salida.
No puedo librar una guerra contra Abnegación, en contra de mi familia. Prefiero morir. Mi Paisaje del Miedo demostró eso. Mi lista de opciones se reduce, y veo el camino que debo tomar. Voy a fingir lo suficiente para llegar al sector de Abnegación de la ciudad. Voy a salvar a mi familia.
Y pase lo que pase después de eso no importa. Una manta de calma se asienta sobre mí.
La línea de Iniciados pasa por un pasillo oscuro. No puedo ver a Will por delante de mí, ni nada por delante de él. Mi pie choca contra algo duro, y me tropiezo, con las manos extendidas. Mi rodilla golpea algo más… un escalón. Me enderezo, tan tensa que mis dientes están casi castañeando. No vieron eso. Está muy oscuro. Por favor, que esté demasiado oscuro.
A medida que la escalera gira, la luz flota en la caverna, hasta que por fin puedo ver los hombros de Will delante de mí otra vez. Me concentro en igualar mi ritmo al de él mientras llegamos a la cima de la escalera, pasando a otro líder de Intrepidez. Ahora sé quiénes son los líderes de Intrepidez, porque son las únicas personas que están despiertas.
Bueno, no los únicos. Debo estar despierta porque soy Divergente. Y si estoy despierta, esto significa que Tobias lo está también, a menos que esté equivocada acerca de él.
Tengo que encontrarlo.
Me pongo de pie al lado de las vías del tren en un grupo que se extiende hasta dónde puedo ver con mi visión periférica. El tren se detiene enfrente de nosotros, con todos los vagones abiertos. Uno por uno, mis compañeros Iniciados suben al vagón del tren enfrente de nosotros.
No puedo girar la cabeza para explorar la multitud por Tobias, pero dejo que mis ojos bordearan a un lado.
Las caras a mi izquierda no me son familiares, pero veo a un muchacho alto, de cabello corto a pocos metros a mi derecha. Puede que no sea él, y no puedo estar segura, pero es la mejor oportunidad que tengo. No sé cómo llegar a él sin llamar la atención. Tengo que llegar a él.
El vagón delante de mí se llena, y Will se vuelve hacia el siguiente. Quito mi apunte de él, pero en vez de detenerme donde él se detiene, me deslizo a pocos metros a la derecha. Las personas a mi alrededor son más altas que yo; me van a proteger. Me paso a la derecha otra vez, apretando los dientes. Demasiado movimiento. Me van a atrapar. Por favor, que no me atrapen.
Un Intrepidez con la cara en blanco en el vagón de al lado ofrece una mano al chico delante de mí, y él la toma, sus movimientos son robóticos. Tomo la siguiente mano sin mirarla, y subo con tanta gracia como puedo en el vagón.
Permanezco de frente a la persona que me ayudó. Mis ojos se mueven ligeramente hacia arriba, apenas por un segundo, para ver su rostro. Tobias, con la cara en blanco como el resto de ellos. ¿Estaba equivocada? ¿Acaso no es Divergente? Las lágrimas destellan detrás de mis ojos, y yo las parpadeo de vuelta mientras me alejo de él.
La gente se amontona en el vagón a mí alrededor, por lo que estamos en cuatro filas, hombro a hombro.
Y entonces ocurre algo peculiar: unos dedos se entrelazan con los míos, y una palma se presiona con mi palma. Tobias, sujetando mi mano.
Mi cuerpo entero se llena de energía. Aprieto su mano, y él me aprieta de regreso. Está despierto. Yo estaba en lo cierto.
Quiero verlo, pero me obligo a permanecer quieta y mantener los ojos hacia adelante cuando el tren empieza a moverse. Él mueve su pulgar en un círculo lento en la palma de mi mano. Con la intención de consolarme, pero me frustra en su lugar. Tengo que hablar con él. Tengo que mirarlo.
No puedo ver a dónde se dirige el tren porque la chica frente a mí es tan alta, por lo que miro a la parte posterior de su cabeza y me centro en la mano de Tobias en la mía hasta que las vías chillan. No sé cuánto tiempo he estado allí, pero me duele la espalda, por lo que debe haber sido mucho tiempo. Los chillidos del tren se detienen, y mi corazón late tan fuerte que me es difícil respirar.
Justo antes de que saltemos del coche, veo a Tobias voltear su cabeza en mi periferia, y echo un vistazo a él. Sus ojos oscuros son insistentes cuando él dice: ―Corre.
―Mi familia ―le digo.
Miro hacia delante otra vez, y salto desde el vagón del tren cuando es mi turno.
Tobias camina delante de mí. Yo debería centrarme en la parte posterior de su cabeza, pero las calles por las que camino ahora son familiares, y la fila de Intrepidez que sigo desaparece de mi atención. Paso por el lugar donde fui cada seis meses con mi madre a recoger ropa nueva para nuestra familia; la parada de autobús en la que una vez esperé en la mañana para ir a la escuela; la franja de acera agrietada donde Caleb y yo jugamos al juego de salto en salto para llegar a través de ella.
Todas son diferentes ahora. Los edificios están oscuros y vacíos. Las carreteras están llenas con soldados Intrepidez, todos marchando al mismo ritmo excepto los oficiales, que están a cada pocos cientos de metros, mirándonos pasar, o reunidos en grupos para discutir algo. Nadie parece estar haciendo nada. ¿Realmente estamos aquí para la guerra?
Camino un kilómetro y medio antes de obtener una respuesta a esa pregunta.
Empiezo a escuchar ruidos explotando. No puedo mirar alrededor para ver de dónde están viniendo, pero cuanto más camino, más fuerte y más cortante son, hasta que los reconozco como disparos. Aprieto mi mandíbula. Tengo que seguir caminando; tengo que mirar hacia adelante.
Muy por delante de nosotros, veo a un soldado de Intrepidez empujar a sus rodillas a un hombre vestido de gris. Reconozco al hombre… es un miembro del consejo. La soldado toma su pistola de su funda y, con los ojos ciegos, dispara una bala en la parte posterior del cráneo del miembro del consejo.
La soldado tiene una raya gris en su cabello. Es Tori. Mis pasos casi desfallecen.
Sigue caminando. Mis ojos arden. Sigue caminando.
Marchamos pasando a Tori y al miembro del consejo caído. Cuando paso por encima de su mano, casi me echo a llorar.
Entonces los soldados delante de mí dejan de caminar, y yo también. Me quedo tan quieta como puedo, pero todo lo que quiero hacer es encontrar a Jeanine, a Eric y a Max y dispararles a todos ellos. Me tiemblan las manos y no puedo hacer nada para detenerlas. Respiro rápidamente a través de mi nariz.
Otro disparo. Desde la esquina de mi ojo izquierdo, veo una mancha gris colapsar en la acera. Todos los de Abnegación van a morir si esto continúa.
Los soldados Intrepidez cumplen las órdenes tácitas sin vacilación y sin lugar a dudas. Algunos miembros adultos de Abnegación son conducidos hacia uno de los edificios cercanos, junto con los niños de Abnegación. Un mar de soldados vestidos de negro aguardan las puertas. Las únicas personas que no veo son los líderes de Abnegación. Tal vez ellos ya están muertos.
Uno por uno, los soldados de Intrepidez delante de mí pasan para realizar una tarea u otra. Pronto los líderes se darán cuenta de que cualquier señal que todos los demás están recibiendo, yo no la recibo. ¿Qué voy a hacer cuando esto suceda?
―Esto es una locura ―arrulla una voz masculina a mi derecha. Veo un mechón de cabello largo y grasiento, y un pendiente de plata. Eric. Empuja mi mejilla con su dedo índice, y yo lucho contra el impulso de abofetear su mano.
―¿Realmente no nos pueden ver? ¿O escucharnos? ―pregunta una voz femenina.
―Oh, ellos pueden ver y oír. Simplemente no están procesando lo que ven y oyen de la misma manera ―dice Eric―. Ellos reciben órdenes desde nuestras computadoras en los transmisores que les inyectamos con... ―En este momento, presiona con los dedos la zona de la inyección para mostrarle a la mujer donde se encuentra. Quédate quieta, me digo. Quieta, quieta, quieta―… y las llevan a cabo sin problemas.
Eric se desplaza un paso al lado y se inclina cerca de la cara de Tobias, sonriendo.
―Ahora bien, esto es un espectáculo feliz ―dice―. El legendario Cuatro. Nadie va a recordar que ahora quedé en segundo lugar, ¿verdad? Nadie me va a preguntar: “¿Cómo fue entrenar con el sujeto que tiene sólo cuatro temores?” ―Él saca su pistola y le apunta a la sien del lado derecho de Tobias. Mi corazón late tan fuerte que lo siento en mi cráneo. No puede disparar; no lo haría. Eric inclina la cabeza―. ¿Crees que alguien se daría cuenta si accidentalmente recibe un disparo?
―Adelante ―dice la mujer, sonando aburrida. Ella debe ser un líder de Intrepidez si le puede dar el permiso a Eric―. Él no es nada ahora.
―Es una pena que no aceptaras simplemente la oferta de Max, Cuatro. Bueno, mala suerte para ti, de todos modos ―dice Eric en voz baja, mientras encaja la bala en su recámara.
Mis pulmones queman; no he respirado en casi un minuto. Veo la mano de Tobias contraerse en la esquina de mi ojo, pero mi mano ya está en mi arma. Presiono el cañón en la frente a Eric. Sus ojos se ensanchan, y su rostro se afloja, y por un segundo se ve como otro soldado durmiente de Intrepidez.
Mi dedo índice se cierne sobre el gatillo.
―Mantén tu arma lejos de su cabeza ―le digo.
―No me vas a disparar ―responde Eric.
―Interesante teoría ―digo. Pero no puedo matarlo; no puedo. Aprieto los dientes y muevo mi brazo hacia abajo, disparando al pie de Eric. Él grita y agarra el pie con ambas manos. En el momento en que el arma ya no está apuntando a la cabeza de Tobias, él saca su pistola y dispara a la pierna de la amiga de Eric. No espero a ver si la bala la golpeó. Agarro el brazo de Tobias y salimos corriendo.
Si podemos llegar a un callejón, podemos desaparecer en los edificios y no nos encontrarán. Hay ciento ochenta metros por avanzar. Oigo pasos detrás de nosotros, pero no miro hacia atrás. Tobias agarra mi mano y la aprieta, tirando de mí hacia adelante, más rápido de lo que ha corrido alguna vez, más rápido de lo que puedo correr. Tropiezo detrás de él. Escucho un disparo.
El dolor es agudo y repentino, a partir de mi hombro y extendiéndose hacia el exterior con los dedos adormecidos. Un grito se detiene en mi garganta, y caigo, mi mejilla raspando el pavimento. Levanto la cabeza para ver a Tobias arrodillándose cerca de mi rostro, y grito: ―¡Corre!
Su voz es tranquila y silenciosa cuando él responde: ―No.
En cuestión de segundos nos rodean. Tobias me ayuda a levantarme, apoyando mi peso. Tengo problemas para enfocar a través del dolor. Soldados de Intrepidez nos rodean y apuntan sus armas.
―Rebeldes Divergentes ―dice Eric, parado sobre un pie. Su rostro es de un blanco enfermizo―. Entreguen sus armas.
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