Capítulo XXXVIII

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Capítulo XXXVIII

Mensaje por iita ™ el Vie Ago 31, 2012 8:29 pm

La cabeza de Tobias gira, y sus ojos oscuros se posan sobre mí. Sus cejas se elevan. Él está de pie. Parece confundido. Levanta su pistola.
―Suelta el arma ―dice él.
―Tobias ―digo―. Estás en una simulación.
―Suelta tu arma ―repite―. O dispararé.
Jeanine dijo que él no me reconocería. Jeanine también dijo que la simulación hacia a los amigos de Tobias sus enemigos. Él me dispararía si tuviera que hacerlo.
Bajo la pistola a mis pies.
―¡Baja tu arma! ―grita Tobias.
―Lo hice ―digo. Una pequeña voz en mi cabeza me repite que él no podía escucharme, él no podía verme, y no me conocía. Llamaradas de fuego presionaban detrás de mis ojos. No podía estar aquí y dejarle dispararme.
Corro hacia él, agarrando su muñera. Siento sus músculos contraerse mientras aprieta el gatillo y agacho la cabeza justo a tiempo. La bala golpea la pared detrás de mí. Jadeando, lo pateo en las costillas y giro su muñeca hacia un lado tan fuerte como puedo. Él suelta la pistola.
No podía vencer a Tobias en una pelea. Ya sabía eso. Pero tenía que destruir la computadora. Me lanzo por la pistola, pero antes de que pueda tocarla, él me agarra y me hace a un lado.
Miro sus ojos oscuros en conflicto por un instante antes de que me dé un
puñetazo en la mandíbula. Mi cabeza se echa hacia un lado y me aparto de él, levantando las manos para proteger mi rostro. No puedo caer; No puedo caer o él me patearía, y eso podría ser peor, eso sería mucho peor. Pateo la pistola con mi talón para que él no pueda tomarla, ignorando el ardor en mi mandíbula, lo pateo en el estómago.
Él atrapa mi pie y me tira hacia abajo, así que caigo sobre mi hombro. El dolor hace que mi visión comience oscurecerse. Levanto la mirada a él. Él echa su pie hacia atrás como si fuera a patearme, y ruedo sobre mis rodillas, alargando mi brazo por la pistola. No sé qué hacer con ella. No puedo dispararle, no puedo. Él está allí en algún lugar.
Me agarra de mi cabello y me lanza a un lado. Lo agarro de regreso y tomo su muñeca, pero él es demasiado fuerte y mi frente golpea la pared.
Él está allí en alguna parte.
―Tobias ―digo.
¿Su agarré vaciló? Me giro y lo pateo de espaldas, mi talón golpea su pierna. Cuando mi cabello se desliza a través de sus dedos, voy por la pistola y mis dedos se cierran alrededor del frío metal. Me doy la vuelta y le apunto con la pistola.
―Tobias ―digo―. Sé que estás en alguna parte.
Pero si lo estaba, él probablemente no comenzaría a avanzar con seguridad hacia mí como si estuviera a punto de matarme esta vez.
Mi cabeza palpita. Me levanto.
―Tobias, por favor ―suplico. Soy patética. Las lágrimas hacen mi rostro caliente―. Por favor. Mírame ―Él camina hacia mí, sus movimientos son peligrosos, rápidos, poderosos. El arma se sacude en mis manos―. ¡Por favor, mirarme, Tobias, por favor!
Incuso cuando él frunce el ceño, sus ojos parecen pensativos, y recuerdo cómo su boca se curvaba cuando sonreía.
No puedo matarlo. No estoy segura de sí lo amo; No estoy segura de sí es por eso. Pero estoy segura de lo que él haría si nuestras posiciones se invirtieran.
Estoy segura que nada vale la pena para matarlo.
Había hecho esto antes, en mi Paisaje del Miedo, con la pistola en mi mano, una voz gritándome que disparara a las personas que amo. Me ofrecí voluntariamente para morir en su lugar, pero no puedo imaginar cómo podría ayudarme eso ahora. Pero yo sólo sé, yo sé que esto es la cosa correcta a hacer.
Mi padre dice ―solía decir― que hay un poder en el auto sacrificio.
Doy vuelta al arma en mis manos y la presiono contra la palma de Tobias.
Él empuja el cañón en mi frente. Mis lágrimas se han detenido y el aire se siente frío mientras toca mis mejillas. Alargo mi brazo y coloco mi mano en su pecho para así poder sentir su corazón latir. Al menos sus latidos siguen siendo de él.
La bala hace clic dentro de la cámara. Quizá fuera más fácil si le permitía dispararme como en mi Paisaje del Miedo, al igual que en mis sueños. Quizás esto sólo sea una explosión, y las luces se elevarán, y me encontraré en otro mundo. Me quedo quieta y espero.
¿Podía ser perdonada por todo lo que hice para llegar hasta aquí?
No lo sé. No lo sé.
Por favor.
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