Capítulo XXXIX

Ir abajo

Capítulo XXXIX

Mensaje por iita ™ el Vie Ago 31, 2012 8:33 pm

El disparo no viene. Él me mira con la misma ferocidad, pero no se mueve. ¿Por qué no me dispara? Su corazón late fuerte contra la palma de mi mano y mi propio corazón se acelera. Él es un Divergente, puede luchar con ésta simulación. Cualquier simulación.
―Tobias ―le digo―. Soy yo.
Doy un paso al frente y envuelvo mis brazos a su alrededor. Su cuerpo está rígido. Sus latidos son más rápidos. Puedo sentirlos contra mi mejilla. Un golpe contra mi mejilla. Un golpe mientras el arma choca contra el piso. Él me agarra de los hombros; muy duro, sus dedos enterrándose en mi piel donde la bala estaba. Yo grito cuando él me empuja hacia atrás. Tal vez quería matarme de alguna manera cruel.
―Tris ―dice, y es él de nuevo. Su boca colisiona con la mía.
Sus brazos me envuelven y me levantan, sosteniéndome contra él, sus manos aferrándose a mi espalda. Su rostro y la parte de atrás de su cuello están manchados de sudor, su cuerpo está temblando, y mis hombros arden con dolor, pero no me importa, no me importa, no me importa.
Me baja y me mira, sus dedos rozando por mi frente, mis cejas, mis mejillas, mis labios.
Algo como un sollozo, un suspiro y un gemido escapan de él, y me besa de nuevo. Sus ojos brillan con lágrimas. Nunca pensé que vería a Tobias llorar. Me hace daño.
Me empujo a su pecho y comienzo a llorar en su camisa. Todos los latidos en mi cabeza regresan, y el dolor en mi hombro, también siento como si mi cuerpo pesara el doble. Me recuesto contra él, y él me sostiene.
―¿Cómo lo hiciste? ―le digo.
―No lo sé ―dice él―. Sólo escuché tu voz.

* * * * *

Después de unos segundos recuerdo por qué estoy aquí. Retrocedo y limpio mis mejillas con la palma de mi mano y giro hacia las pantallas nuevamente. Veo que una muestra la fuente de agua. Tobias estaba tan paranoico cuando estaba protestando contra los de Intrepidez allí. Él se queda mirando la pared por encima de la fuente. Ahora sé por qué.
Tobias y yo nos quedamos allí por un tiempo, y creo que sé en qué está pensando, porque también lo estoy pensando: ¿Cómo algo tan pequeño puede controlar a tantas personas?
―¿Yo estaba ejecutando la simulación? ―dice él.
―No sé si las estabas ejecutando tanto como monitorizando ―digo―. Ya está completa. No tengo ni idea de cómo, pero Jeanine lo hizo para que así pudiera funcionar por su cuenta.
Él sacude la cabeza. ―Es… increíble. Terrible, malo… pero increíble.
Veo un movimiento en una de las pantallas, y veo a mi hermano, Marcus, y Peter parados en el primer piso del edificio. Rodeándolos hay soldados de Intrepidez, todos de negro, todos portando armas.
―Tobias ―digo lacónicamente―. ¡Ahora!
Él corre hacia la pantalla de la computadora y la teclea unas cuantas veces con sus dedos. No puedo ver lo que está haciendo. Todo lo que puedo ver es a mi hermano. Él sostiene el arma que le di frente a su cuerpo, como si estuviera listo para usarla. Muerdo mi labio. No dispares. Tobias presiona la pantalla unas cuantas veces más, tecleando letras que no tienen ningún sentido para mí. No dispares.
Veo un destello de luz; una chispa, de una de las armas, y jadeo. Mi hermano, Marcus, y Peter se agachan en el suelo con las manos en la cabeza. Después de un momento se remueven, por lo que sé que aún están vivos, y los soldados de Intrepidez avanzan. Un grupo vestido de negro rodean a mi hermano.
―Tobias ―digo.
Él presiona la pantalla de nuevo, y todos en el primer piso se quedan quietos.
Sus brazos caen a los lados.
Y luego los de Intrepidez se mueven. Mueven sus cabezas de un lado al otro, y sueltan sus armas, y sus bocas se mueven como si estuvieran gritando, se empujan los unos a los otros, y algunos de ellos caen sobre sus rodillas, sosteniendo sus cabezas, balanceándose hacia adelante y atrás, de una lado al otro.
Toda la tención de mi pecho se deshace, y me siento, dejando escapar un suspiro.
Tobias se agacha al lado de la computadora y saca un lado de la carcasa.
―Tengo que obtener la base de datos ―dice―, o simplemente empezarán de nuevo la simulación.
Observo el frenesí en la pantalla. Es el mismo frenesí que debe estar pasando en las calles. Escaneo las pantallas, una por una, buscando una que muestre el sector de Abnegación en la ciudad. Solo hay una; está al otro extremo de la habitación, en la parte inferior. Los Intrepidez de esa pantalla están disparándose los unos a los otros, empujándose entre sí, gritando… es un caos. Hombres y mujeres vestidos de negro caen al suelo. Las personas se dispersan en todas las direcciones.
―Lo tengo ―dice Tobias, sosteniendo el disco duro de la computadora. Es una pieza de metal del tamaño de su palma. Él me lo entrega, y yo lo guardo en mi bolsillo trasero.
―Tenemos que irnos ―digo, levantándome. Señalo a la pantalla en la derecha.
―Sí, tenemos que irnos. ―Él envuelve sus brazos en mis hombros―. Vamos.
Caminamos juntos por el pasillo y rodeamos la esquina. El elevador me recuerda a mi padre. No puedo dejar de buscar su cuerpo.
Está en el piso al lado del elevador, rodeado por cuerpos de varios guardias. Un extraño grito escapa de mí. Me doy vuelta. La bilis sube hasta mi garganta y vomito contra la pared.
Por un segundo siento que todo dentro de mí se está rompiendo, y me agacho cerca de un cuerpo, respirando por la boca para así no tener que oler la sangre. Pongo la mano sobre mi boca para contener un sollozo. Cinco segundos más. Cinco segundos de debilidad y luego me levanto. Uno, dos, tres, cuatro.
Cinco.

* * * * *

No estoy realmente consciente de mi entorno. Hay un elevador, una habitación de vidrio, y una corriente de aire fresco. Hay gritos de una multitud de soldados de Intrepidez vestidos de negro. Busco el rostro de Caleb, pero no está en ningún lado, en ningún lado hasta que dejamos la habitación de vidrio y damos un paso hacia la luz del sol.
Caleb corre hacia a mí cuando salgo a través de las puertas, y caigo contra él. Me sostiene fuertemente.
―¿Y papá? ―dice él.
Simplemente sacudo mi cabeza.
―Bueno ―dice él, casi ahogándose con la palabra―, él lo hubiese querido de esa forma.
Por encima del hombro de Caleb, veo a Tobias parar en medio de un paso. Su cuerpo entero se pone rígido y veo sus ojos enfocarse en Marcus. En el apuro por destruir la simulación, olvidé advertirle.
Marcus camina hacia Tobias y envuelve sus brazos alrededor de su hijo. Tobias se queda quieto, con sus brazos a los lados y su rostro pálido. Veo como su manzana de Adán sube y baja, y levanta sus ojos al techo.
―Hijo ―suspira Marcus.
Tobías se estremece.
―Oye ―digo, alejándome de Caleb. Recuerdo el cinturón escociendo en mi muñeca en el panorama de miedo de Tobias y me deslizo en el espacio entre ellos, empujando a Marcus―. Oye. Aléjate de él.
Siento el aliento de Tobias contra mi cuello; vienen en fuertes ráfagas.
―Aléjate ―siseo.
―Beatrice, ¿qué estás haciendo? ―pregunta Caleb.
―Tris ―dice Tobias.
Marcus me da una mirada escandalizada, que se ve tan falsa para mí; sus ojos están muy abiertos y su boca también. Si pudiera encontrar una manera de abofetear esa expresión en su rostro, lo haría.
―No todos esos artículos de El Erudito estaban llenos de mentiras ―digo, estrechando mis ojos hacia Marcus.
―¿De qué estás hablando? ―dice Marcus en voz baja―. No sé lo que te han dicho, Beatrice, pero…
―La única razón por la cual aún no te he disparado, es porque él es el único que debería hacerlo ―digo―. Aléjate de él o decidiré que ya no me importa.
Las manos de Tobias se deslizan por mis brazos y me aprietan. Los ojos de Marcus permanecen en los míos por unos segundos, y no puedo evitar verlos como fosas negras, como lo eran en el Paisaje del Miedo de Tobias. Luego él aparta la mirada.
―Tenemos que irnos ―dice Tobias inestable―. El tren debería llegar en cualquier segundo.
Caminamos sobre un terreno implacable hacia las vías del tren. La mandíbula de Tobias está apretada y mantiene la mirada fija hacia adelante. Siento un poco de arrepentimiento. Tal vez debí haberlo dejado lidiar con su padre por su propia cuenta.
―Lo siento ―murmuro.
―No tienes nada que lamentar ―contesta, tomando mi mano. Sus dedos aún tiemblan.
―Si tomamos el tren en dirección opuesta, fuera de la ciudad en lugar de adentro, podemos llegar a la sede de Concordia ―digo―. Es allí a donde fueron los demás.
―¿Qué hay sobre Sinceridad? ―pregunta mi hermano―. ¿Qué crees que harán ellos?
No sé cómo responderá Sinceridad al ataque. Ellos nunca estarían del lado de los Sabiduría; nunca harían algo tan turbio. Pero puede que tampoco peleen contra los Sabiduría.
Nos detenemos al lado de las vías por unos minutos antes de que el tren llegue. Con el tiempo Tobias me carga, porque no aguanto estar de pie, y recuesto mi cabeza en su hombro, tomando respiraciones profundas de su piel. Desde que me salvó del ataque, he asociado su olor con seguridad, así que mientras me concentre en eso, me siento segura.
La verdad es que, no me sentiré segura mientras Marcus y Peter estén con nosotros. Trato de no mirarlos, pero siento su presencia como se sentiría una manta sobre mi cara. La crueldad del destino es que debo viajar con las personas que odio mientras que las personas que amo están muertas detrás de mí.
Muertas, o caminando como asesinos. ¿Dónde están Christina y Tori ahora? ¿Vagando por las calles, atormentadas por lo que han hecho? ¿O apuntando sus armas a las personas que las obligaron hacerlo? O, ¿ya están muertas también? Desearía saberlo.
Al mismo tiempo, deseo nunca enterarme. Si Christina aún está viva, ella encontrará el cuerpo de Will. Y si me ve de nuevo, sus entrenados ojos de Sinceridad verán que yo fui la que lo asesinó, lo sé. Lo sé y la culpa me ahoga y me aplasta; por lo que tengo que olvidarlo. Me obligo a olvidarlo.
El tren viene, y Tobias me pone en el piso para que pueda saltar. Corro unos cuantos pasos al lado del vagón y luego tiro mi cuerpo hacia un lado, aterrizando en mi brazo derecho. Balanceo mi cuerpo en el interior y me siento contra una pared. Caleb se sienta al frente de mí, y Tobias se sienta a mi lado, formando una barrera entre mi cuerpo y el de Marcus y Peter. Mis enemigos. Sus enemigos.
El tren gira, y veo la ciudad detrás de nosotros. Se volverá pequeña y más pequeña hasta que veamos dónde terminan las vías, los bosques y los campos que vi la última vez cuando era muy joven para apreciarlos. La amabilidad de Concordia nos confortará por un tiempo, aunque no podemos quedarnos ahí para siempre. Pronto los Sabiduría y los corruptos líderes de Intrepidez vendrán por nosotros, y tendremos de movernos.
Tobias me empuja contra él. Inclinamos nuestras rodillas y cabezas de forma que estamos encerrados en una habitación de nuestra propia creación, incapaces de ver a esos que nos molestan, nuestro aliento mezclándose en su salida y entrada.
―Mis padres ―digo―. Murieron hoy.
Aunque lo digo, y aunque sé que es cierto, no se siente real.
―Murieron por mí ―digo. Eso se siente importante.
―Te amaban ―contesta él―. Para ellos no había mejor forma de demostrártelo.
Yo asiento, y mis ojos siguen la línea de su mandíbula.
―Casi mueres hoy―dice él―. Casi te disparo. ¿Por qué no me disparaste, Tris?
―No podía hace eso ―le digo―. Hubiese sido como dispararme a mí misma.
Él se ve afligido y se inclina más hacia mí, de modo que sus labios rozan los míos cuando habla.
―Tengo algo que decirte ―dice.
Paso mis dedos a lo largo de los tendones de su mano y lo miro.
―Puede que esté enamorado de ti. ―Sonríe un poco―. Aunque, estoy esperando hasta estar seguro para decírtelo.
―Eso es sensible de tu parte ―digo, sonriendo también―. Debemos encontrar un pedazo de papel para que puedas hacer una lista, o un gráfico o algo.
Siento su risa en mi rostro, su nariz deslizándose a lo largo de mi mandíbula, sus labios presionándose detrás de mi oído.
―Tal vez ya estoy seguro ―dice―, y simplemente no quiero asustarte.
Me rió un poco. ―Entonces deberías saberlo mejor.
―Bien ―dice él―. Entonces, te amo.
Lo beso mientras el tren se desliza dentro de una apagada e incierta tierra. Lo beso por tanto tiempo como quiero, más tiempo del que debería, dado que mi hermano se sienta a tres metro de mí.
Busco en mi bolsillo y saco el disco duro que contiene los datos de la simulación. Le doy vuelta en mis manos, dejando que atrape la tenue luz y la refleje. Los ojos de Marcus se aferran codiciosamente al movimiento. No es seguro. Pienso. No exactamente.
Aprieto el disco duro en mi pecho, recuesto mi cabeza en el hombro de Tobias y trato de dormir.

* * * * *

Abnegación e Intrepidez están arruinadas, sus miembros están dispersos. Somos como los Sin Facción ahora. No sé cómo será la vida ahora, separados de una Facción; se siente como estar desconectado, como la hoja separada del árbol que le da sustento. Somos criaturas de lo perdido; hemos dejado todo atrás. No tengo casa, no tengo un camino, y ninguna certeza.
Ya no soy más Tris, la egoísta, o Tris, la valiente.
Supongo que ahora, tengo que ser más que cualquiera de las dos.
avatar
iita ™

Mensajes : 39
Fecha de inscripción : 04/05/2012
Edad : 21

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.