Capítulo XXXI

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Capítulo XXXI

Mensaje por iita ™ el Vie Ago 31, 2012 7:58 pm

Las luces se encienden. Estoy de pie sola en un cuarto vacío con paredes de concreto, temblando. Caigo de rodillas envolviendo mis brazos alrededor de mi pecho. No hacía frío cuando entré, se siente frío ahora. Froto mis brazos para librarme de la piel de gallina.
Nunca había sentido alivio de esta forma antes. Cada músculo de mi cuerpo se relaja de inmediato y respiro libremente de nuevo. No puedo imaginar pasar a través de la escena de mi Paisaje del Miedo en mi tiempo libre como hace Tobias. Parecía como valentía para mí antes, pero ahora parece más como masoquismo
La puerta se abre, y me pongo de pie. Max, Eric, Tobias y unas pocas personas que no conozco entran a la habitación en una fila, parándose en una pequeña multitud en frente mío. Tobias me sonríe.
―Felicidades, Tris ―dice Eric. No puedo sacudir el recuerdo de la pistola contra mi cabeza. Aún puedo sentir el cañón entre mis cejas.
―Gracias ―digo
―Hay una cosa más antes de que puedas irte y prepararte para el banquete de bienvenida ―dice. Le hace señas a una de las personas desconocidas detrás de él. Una mujer con pelo azul se pasa una pequeña caja negra. La abre y saca una jeringa y una larga aguja
Me tenso ante la vista de eso. El líquido naranja marrón en la jeringa me recuerda a lo que nos ellos nos inyectaron antes de las simulaciones. Y se supone que yo he terminado con eso.
―Al menos no tienes miedo a las agujas ―dice―. Esto se inyecta con un dispositivo de localización que será activado sólo si tú eres reportada desaparecida. Sólo una precaución.
―¿Cuán seguido se pierden las personas? ―pregunto, frunciendo el ceño
―No a menudo ―Eric sonríe burlonamente―. Este es un nuevo avance, cortesía de Sabiduría. Nosotros hemos estado inyectando a cada Intrépido todo el día, y asumo que todas las otras Facciones obedecerán tanto como sea posible.
Mi estómago se revuelve. No puedo dejarlo inyectarme con algo, especialmente no algo que involucra a Sabiduría, tal vez incluso a Jeanine. Pero tampoco no puedo rehusarme. No puedo rehusarme o él dudara de mi lealtad de nuevo.
―Está bien ―digo, mi garganta se estrecha.
Eric se acerca a mí con la jeringa y aguja en mano. Aparto el pelo de mi cuello e inclina mi cabeza hacia un lado. Aparto la mirada mientras Eric limpia mi cuello con una toallita antiséptica y mete la aguja en mi piel. El profundo dolor se extiende por mi cuello, doloroso pero breve. Él pone la aguja de regreso en su caja y pega esparadrapo en el lugar de la inyección.
―El banquete es en dos horas ―dice―. Tu puntaje junto el resto de los otros Iniciados nacidos en Intrepidez, será anunciado entonces. Buena suerte.
La pequeña multitud desfila fuera del cuarto, pero Tobias se demora. Se detiene en la puerta y me hace señas para que lo siga, así que lo hago. El cuarto de vidrio arriba de la Fosa está lleno de Intrepidez, algunos de ellos caminando en las sogas por encima de sus cabeza, algunos hablando y riendo en grupos. Me sonríe. Él no deber haber estado viendo.
―Escuché el rumor que tú solo tuviste siete obstáculos que enfrentar ―dice él―. Prácticamente insólito.
―¿Tú… tú no estaba mirando la simulación?
―Solo en las pantallas. Los líderes de Intrepidez son los únicos que ven la cosa entera ―dice―. Ellos parecían impresionados.
―Bueno, siete miedos no es tan impresionante como Cuatro ―replico―. Pero será suficiente.
―Estaría sorprendido si tú no estuviera en el primer lugar ―dice
Entramos en el cuarto de vidrio. La multitud aún está ahí, pero es más escasa ahora que la última persona ―yo― se ha ido.
Las personas me notan después de unos pocos segundos. Me quedo cerca del lado de Tobias mientras ellos señalan, pero no puedo caminar lo suficiente rápido para evitar algunas ovaciones, algunas palmadas en el hombro, algunas felicitaciones. Mientras observo a las personas alrededor de mí, me doy cuenta de cuan extraños ellos se verían para mi padre y hermano, y cuan normales ellos parecen para mí, a pesar de todos los anillos de metal en sus caras y los tatuajes en sus brazos, gargantas y pechos. Les sonrió.
Bajamos los escalones entrando a la Fosa y digo: ―Tengo una pregunta ―muerdo mi labio―. ¿Cuánto te han dicho de mi Paisaje del Miedo?
―Nada, en realidad ¿Por qué? ―dice.
―Por nada ―pateo una piedrecita a un lado del camino.
―¿Tienes que volver al dormitorio? ―pregunta―. Porque si quieres paz y calma, puedes quedarte conmigo hasta el banquete.
Mi estómago se retuerce.
―¿Qué es? ―pregunta
No quiero volver al dormitorio, y no quiero tenerle miedo.
―Vamos ―digo.
Él cierra la puerta detrás de nosotros y se quita sus zapatos.
―¿Quieres agua? ―dice.
―No gracias ―sostengo las manos en frente de mí.
―¿Estás bien?―dice, tocando mi mejilla. Sus manos acunan el lado de mi cara, sus largos dedos se deslizan por mi cabello. Él sonríe y sostiene mi cabeza en su sitio mientras me besa. El calor se esparce a través de mí lentamente. Y miedo, zumbando como una alarma en mi pecho.
Sus labios siguen sobren los míos, él empuja la chaqueta fuera de mis hombros. Me echo para atrás cuando la escucho caer, y me alejo de él, mis ojos arden. No sé por qué me siento de esta manera. No me sentí así cuando él me besó en el tren. Presiono las palmas en mi cara, cubriendo mis ojos.
―¿Qué? ¿Qué está mal?
Sacudo la cabeza.
―No me digas que no es nada. ―Su voz es fría. Él agarra mi brazo―. Hey. Mírame. ―Quito las manos de mi cara y levanto mi mirada hacia la suya. El dolor en sus ojos y el enojo en su mandíbula apretada me sorprenden.
―Algunas veces me pregunto ―digo, tan calmadamente como puedo―. Lo que hay para ti. Esto… lo que sea que es…
―Lo que hay para mí ―repite. Él da un paso para atrás, sacudiendo la cabeza―. Tú eres una idiota, Tris.
―No soy una idiota ―digo―. Razón por la cual sé que es un poco extraño que, de todas las chicas, que tú pudiste haber escogido, me escogiste. Así que tú sólo estás buscando… um, tú sabes… eso…
―¿Qué? ¿Sexo? ―Él me mira con el ceño fruncido―. Tú sabes, si eso es todo lo que quisiera, probablemente no serías la primer persona a la que acudiría.
Me siento como si él me golpeara en el estómago. Por supuesto no soy la primer persona a la que él acudiría; no la primera, no la más hermosa, no la más deseable. Presiono las manos en mi abdomen y aparto la mirada, repeliendo las lágrimas. No soy del tipo que llora. Ni del tipo que grita.
Parpadeo unas pocas veces, bajos las manos y levanto mi mirada hacia él.
―Me voy a ir ahora ―digo calmadamente. Y me dirijo hacia la puerta.
―No Tris. ―Agarra mi muñeca y me tira con fuerza. Lo empujo lejos, duro, pero agarra mi otra muñeca, sosteniendo nuestros brazos cruzados entre nosotros.
―Lamento lo que dije ―dice―. A lo que me refería era que tú no eres así. Lo cual supe cuando te conocí.
―Tú fuiste un obstáculo en mi Paisaje del Miedo. ―Mi labio inferior tiembla―. ¿Sabías eso?
―¿Qué? ―Suelta mis muñecas, y la mirada dolida está de vuelta―. ¿Me tienes miedo?
―No a ti ―digo. Muerdo mi labio para calmarme―. Estar contigo… con cualquiera. Nunca he estado involucrada con alguien antes, y tú… eres más grande, y no sé cuáles son tus expectativas y…
―Tris ―dice duramente―. No sé en qué engaño estás trabajando, pero todo esto es nuevo para mí también.
―¿Engaño? ―repito―. Te refieres a que tú no has… ―Levanto mis cejas―… Oh. Oh. Asumí que… ―Que porque estoy tan absorta por él, el resto debe estarlo también―. Um. Tú sabes
―Bueno, asumiste mal. ―Aparta la mirada. Sus mejillas están brillantes, como si estuviera avergonzado―. Tú puedes decirme todo, sabes ―dice. Toma mi cara en sus manos, sus dedos fríos y sus palmas calientes―. Soy más amable de lo que parezco en el entrenamiento. Lo prometo.
Creo en él. Pero no tiene nada que ver con su amabilidad.
Él me besa entre las cejas, y en la punta de mi nariz y luego cuidadosamente adapta su boca a la mía. Estoy al borde. Tengo electricidad recorriendo a través de mis venas en lugar de sangre. Quiero que él me bese, lo deseo, tengo miedo de dónde podría ir. Sus manos se desvían hacia mis hombros, y sus dedos pasan sobre el borde de la venda
Él se aleja con la frente arrugada.
―¿Estás herida? ―pregunta.
―No. Es otro tatuaje. Está curado. Solo quería mantenerlo cubierto.
―¿Puedo ver?
Asiento, mi garganta se estrecha. Bajo mi manga y saco mi hombro de esta. Él baja la mirada hacia mi hombro por un segundo, y luego pasa su dedo sobre el tatuaje. Ellos se levantan y caen con mis huesos, los cuales sobresalen más de lo que me gustaría. Cuando él me toca, siento como si cada lugar donde su piel se encuentra con la mía cambia por la conexión. Envía un estremecimiento a través de mi estómago. No solo miedo. Algo más, también. Un querer…
Él arranca la esquina de la venda. Sus ojos vagan por el símbolo de Abnegación, y sonríe.
―Tengo el mismo ―dice, riendo―. En mi espalda
―¿En verdad? ¿Puedo verlo?
Él presiona la venda sobre el tatuaje y tira de la blusa por encima de mi hombro
―¿Estás pidiendo que me desvista, Tris?
Una risa nerviosa borbotea de mi garganta.
―Sólo… Parcialmente.
Él asiente, su sonrisa repentinamente desvaneciéndose. Levanta su mirada hacia la mía y abre su sudadera. Se desliza de sus hombros y la lanza hacia la silla del escritorio. No me dan ganas de reír ahora. Todo lo que puedo hacer mirarlo.
Sus cejas atraídas hacia el centro de su frente, y agarra el dobladillo de su camiseta.
En un rápido movimiento, la tira por encima de su cabeza.
Un pedazo de flamas de Intrepidez cubre su lado derecho, pero aparte de eso, su pecho está sin marcas. Él aparta la mirada.
―¿Qué es? ―pregunto, frunciendo el ceño. Él se ve… incomodo.
―No invito a varias personas para que me miren ―dice―. Nadie, en realidad.
―No puedo imaginar la razón ―digo suavemente―, quiero decir, mírate.
Camino lentamente alrededor de él. En su espalda hay más tinta que piel. El símbolo de cada Facción está dibujado ahí; Intrepidez en la parte superior de su espalda, Abnegación justo debajo y las otras tres, más pequeñas, debajo de ellas. Por unos pocos segundos miro las balanzas que representan Sinceridad, el ojo que simboliza a Sabiduría, y el árbol que simboliza Concordia.
Tiene sentido que él se tatuara con el símbolo de Intrepidez, su refugio, e incluso el símbolo de Abnegación, su lugar de origen, como yo hice. ¿Pero los otros tres?
―Pienso que hemos cometido un error. ―Dice suavemente―. Todos nosotros empezamos a denigrar las virtudes de las otras Facción en el proceso de reforzar lo nuestro. No quiero hacer eso. Quiero ser feroz, caritativo, inteligente, amable, y honesto. ―Aclara su garganta―. Continuamente forcejeo con la amabilidad.
―Nadie es perfecto ―susurro―. No funciona de esa manera. Una cosa mala se aleja, y otra la reemplaza.
Cambié la cobardía por la crueldad, y la debilidad por la ferocidad.
Paso mis dedos sobre el símbolo de Abnegación.
―Tenemos que alertarles, tú sabes. Pronto.
―Lo sé ―dice―. Lo haremos.
Él se voltea hacia mí. Quiero tocarlo, pero tengo miedo de su desnudez, miedo de que él me haga desnudar también.
―¿Esto te está asustando, Tris?
―No ―grazno, aclaro mi garganta―. No realmente. Sólo… tengo miedo de lo que deseo.
―¿Lo que tú deseas? ―Luego su cara se tensa―. ¿Yo?
Lentamente asiento
Él asiente también, y toma mis manos en la suyas gentilmente. Guía mis palmas hacia su estómago.
Su mirada baja, empuja hacia arriba mis manos, sobre su abdomen y sobre su pecho, y las sostiene contra su cuello. Mis palmas sienten un hormigueo con la sensación de su piel, suave, caliente.
―Algún día ―dice―. Si tú aún me deseas, nosotros podemos… ―Se detiene, aclara su garganta.
―Nosotros podemos…
Le sonrió un poco y envuelvo mis brazos alrededor de él antes de que termine, presionando un lado de mi cara contra su pecho. Siento el latido de su corazón contra mi mejilla, tan rápido como el mío.
―¿También me tienes miedo, Tobias?
―Aterrado ―replica con una sonrisa.
Volteo y beso el hueco debajo de su cuello.
―Tal vez tú ya no estarás en la visión de mi miedo ―murmuro.
Él flexiona su cabeza y me besa lentamente.
―Entonces todo el mundo podría llamarte Seis.
―Cuatro y Seis ―digo.
Él me besa de nuevo, y esta vez, se siente familiar. Sé exactamente cómo encajamos juntos, su brazo alrededor de mi cintura, mis manos en su pecho, la presión de sus labios sobre los míos. Nos tenemos memorizados el uno al otro.
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